29 mar. 2026

El temido efecto rebote y los nuevos fármacos para adelgazar

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PARÍS

El efecto rebote, que produce una rápida recuperación del peso perdido luego de una dieta, es también una de las consecuencias que enfrentan las personas que dejan de tomar los nuevos fármacos para adelgazar. Esta semana se publicó una investigación reveladora: La recuperación de peso es hasta cuatro veces más rápida de lo que sucedería si se suspende un programa de dieta y ejercicio, según un estudio británico.
En estos últimos años, la nueva generación de tratamientos contra la diabetes y la obesidad, que aumentan la acción de una hormona para actuar sobre la secreción de insulina (GLP-1, péptido similar al glucagón tipo 1) y la sensación de saciedad, está haciendo furor, sobre todo en los países ricos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluso los agregó en septiembre a su lista de medicamentos esenciales, pero pidió versiones genéricas, más baratas, para los países más desfavorecidos.

Se ha demostrado que estos tratamientos ayudan a perder entre un 15% y un 20% de peso.

“Todo esto parece una buena noticia”, afirma Susan Jebb, especialista en nutrición pública en la Universidad de Oxford y coautora de este estudio publicado en la revista médica BMJ. Pero datos recientes apuntan a que “aproximadamente la mitad de las personas dejan estos medicamentos en el plazo de un año”, agrega.

EFECTOS SECUNDARIOS. Esta interrupción podría explicarse por los frecuentes efectos secundarios, como las náuseas, o por sus elevados precios, que pueden superar los 1.000 dólares al mes en Estados Unidos, aunque estas tarifas están disminuyendo.

Tras analizar 37 estudios sobre la interrupción de distintos tratamientos para adelgazar, los investigadores constataron que los participantes recuperaban aproximadamente 0,4 kg al mes.

Seis de los ensayos clínicos se centraron en la semaglutida, el principio activo del Ozempic, indicado para la diabetes tipo 2, y del fármaco contra la obesidad Wegovy del gigante danés Novo Nordisk, así como en la tirzepatida, utilizada en el Mounjaro de Eli Lilly.

Durante la administración de estas dos moléculas, los participantes en estos ensayos perdieron cerca de 15 kg de media. Tras la suspensión del tratamiento, recuperaron 10 kg en un año, el periodo de seguimiento más largo para estos medicamentos recientes.

Y, según una proyección de los investigadores, los pacientes volverán a su peso inicial en un promedio de 18 meses. Los indicadores cardiovasculares, como la presión arterial y el nivel de colesterol, recuperaron sus valores de origen en 1,4 años.

En cambio, las personas que siguieron programas que incluían una dieta y actividad física, sin tomar fármacos, adelgazaron mucho menos. Pero tardaron de media cuatro años en recuperar el peso perdido.

Esto quiere decir que los usuarios de medicamentos adelgazantes recuperaron su peso cuatro veces más rápido.

TENDENCIA. Por lo general, “una pérdida de peso importante tiende a conllevar una recuperación del peso más rápida”, explica Sam West, autor principal del estudio, de la Universidad de Oxford.

Según otro análisis, el aumento de peso es “sistemáticamente más rápido tras la toma de medicamentos, independientemente del peso perdido al principio”, añade.

Una posible explicación es que las personas que se acostumbraron a comer de forma más saludable y a hacer más ejercicio continúan haciéndolo incluso cuando recuperan peso.

A LARGO PLAZO.Aunque los medicamentos de tipo GLP-1 “son una herramienta valiosa en el tratamiento de la obesidad, la obesidad es una enfermedad crónica y recurrente”, señala Susan Jebb. Y cabe esperar que “estos tratamientos tienen que mantenerse de por vida, como los fármacos contra la hipertensión”.

De ser así, esto influiría en la manera en que los sistemas nacionales de salud establecen si estos fármacos son rentables, advierten los científicos. “Estos nuevos datos muestran claramente que son un punto de partida, no una cura”, reacciona Garron Dodd, investigador en neurociencia metabólica en la Universidad de Melbourne, que no participó en el estudio.

“Un tratamiento sostenible probablemente requerirá enfoques combinados, estrategias más a largo plazo y terapias que revisen la manera en que el cerebro interpreta el equilibrio energético, y no solo la cantidad de alimentos ingeridos”, asegura al Science Media Centre.

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Corredores, mujeres y hombres. Ejercicio.

AFP
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