12 ago 2026

El teatro social se renueva con noveles autores

A través de sonrisas y a veces de lágrimas, el teatro busca conmover y llevar a la reflexión a los espectadores acerca de diversas problemáticas de la sociedad. Nuevos aires en la dramaturgia exploran esta área.

Por Marisol Ramírez

mramirez@uhora.com.py

El teatro con temática social despierta la pasión de noveles dramaturgos paraguayos que reviven el espíritu de iconos de nuestra cultura, tales como Julio Correa o Josefina Plá.

“Creo necesario para el ambiente artístico nacional que se escriban historias con personajes y pensamientos propios, donde el jopara y el guaraní sean constantes”, opina Hugo Robles, joven dramaturgo.

El teatro con temática social es aquel donde la puesta asume una “postura crítica y política ante fenómenos producidos en determinadas sociedades”, explica el Agustín Núñez, teatrista formador de dramaturgos.

El director y fundador de El Estudio menciona a otros autores que hicieron camino e inspiraron a los jóvenes: Tadeo Zarratea, Moncho Azuaga, Alcibiades González Delvalle y Ovidio Benítez Pereira.

Robles, autor de obras como Guapas, alienta a los dramaturgos a perder el miedo a los modismos como katu, picó o nambre luego.

Para el autor de Techaga’u, un requisito fundamental es salpicar de humor el desarrollo de temas crudos o considerados “aburridos”.

Así también opinan sus colegas Nelson Silva (Domesticadas) y Mario Santander (Doble juego), aunque este último defiende también al género dramático.

Santander, también docente de las tablas, alienta la creación dramática argumentando que el teatro refleja sueños, ideales y relaciones interpersonales de una sociedad, más allá de sus problemáticas.

En ese sentido Silva resalta a Azuaga, unos de sus referentes, de quien valora su denuncia al maltrato de niños y adolescentes en la obra Prohibido en la plaza los niños y los perros.

ALGUNAS PUESTAS. Entre las creaciones que abordan temas sociales con toque de género se puede mencionar Comisión de damas de Hugo Robles, Domesticadas, de Nelson Silva o Lilí de Mario Santander.

Son pocas las entidades que apoyan proyectos de producción de dramaturgia nacional. Los dramaturgos mencionaron al Fondec, el Centro Cultural de España Juan de Salazar y el Fondo para las Artes Escénicas.

“Para producir no dependemos del apoyo de organizaciones sin fines de lucro o empresas privadas, porque no siempre se da, y si lo hiciéramos, estaríamos aún soñando con hacer teatro”, sentencia Nelson Silva.

“DESTACAR A LOS CREADORES”

“Considero que en el ámbito teatral se debe destacar más la labor dramaturgo, del creador de nuevos textos, lenguajes y planteamientos. Existen muchos y buenos actores, pero faltan más directores y sobretodo más dramaturgos. Otra área donde veo falencias es la crítica especializada, actualizada, y que ofrezca mayor seguimiento a las creaciones nacionales, también con un amplio criterio asertivo.”

“EL HUMOR PARA MIRAR REALIDADES”

“Para mí el humor es la mejor forma de mostrar la realidad, ya que la gente está cansada de ver sufrimiento. Generalmente dice que la vida ya tiene suficiente drama como para ir al teatro a ver más. El público quiere un escape a la realidad y lo busca en la comedia. Los que escribimos historias respondemos a esas expectativas, envolviendo la realidad en carcajadas e invitando a reflexionar.”

“HAY QUE FORTALECER EL QUEHACER TEATRAL”

El dramaturgo Ramón Azuaga, más conocido como Moncho, reflexiona acerca de la producción teatral y dice que urge mayor promoción y apoyo a esta tarea.

Reclama la atención de la prensa para la discusión y análisis de las obras así como de espacios de radioteatro.

“Esto es fundamental para el fortalecimiento del quehacer teatral, así como para la generación de un público creciente y crítica rigurosa y orientadora”, reflexiona.

El autor de diversas obras como Los niños de la calle o Criaditas SRL cuenta que la temática social en el teatro costó a muchos trabajadores de la escena persecuciones, prisión y exilio en épocas de dictadura.

A pesar de esto, en la década de 1970 el movimiento independiente de aquel tiempo aportó grandes propuestas con temas sociales, entre los que se destacan grupos como TEA, Tiempoovillo, Aty Ñe’ê y Laboratorio.

Azuaga reclama a entidades de organización no gubernamental, empresas privadas y al Gobierno que reconozcan “la gran potencialidad pedagógica y formadora de ciudadanía a través del teatro”.

El dramaturgo pide que las instituciones educativas así como las empresas, cooperativas, comisiones barriales y otras agremiaciones busquen incluir al teatro en sus agendas y programas de capacitación ciudadana.