31 may. 2026

El sermón de las siete palabras, rito de Perú que alcanzó todo el catolicismo

Lima, 24 mar (EFE).- El sermón de las siete palabras, también conocido como el sermón de las tres horas, es uno los actos centrales de la Semana Santa en muchas ciudades del mundo católico, aunque pocos conocen que su origen se remonta a la Lima virreinal del siglo XVII.

Fotografía cedida hoy, jueves 24 de marzo de 2016, por el Arzobispado de Lima de una misa de Viernes Santo de 2015 celebrada en la Catedral de Lima (Peru). EFE

Fotografía cedida hoy, jueves 24 de marzo de 2016, por el Arzobispado de Lima de una misa de Viernes Santo de 2015 celebrada en la Catedral de Lima (Peru). EFE

Es en la capital de Perú donde desde hace 356 años se pronuncia el sermón cada Viernes Santo, desde el mediodía hasta las tres de la tarde, para reflexionar sobre las últimas palabras que Jesucristo expresó en la cruz durante la última parte de su calvario.

El historiador Armando Nieto recordó a Efe que el primero en pronunciar el sermón de las tres horas fue el sacerdote jesuita limeño Francisco Del Castillo en 1660 en la ya desaparecida capilla de Nuestra Señora de los Desamparados, que se encontraba a espaldas del Palacio de Gobierno, en el actual centro histórico de Lima.

Del Castillo, conocido como “el apóstol de los indios y negros” por su trabajo de evangelización entre los sectores más populares de la Lima colonial, comenzó su intervención y no se detuvo hasta que sintió la fatiga, según los testimonios de la época.

Apostado ante el Santísimo Crucifijo de la Agonía, el sacerdote comparó en su mensaje el sufrimiento de Jesús con el padecimiento de los pobres, esclavos e indígenas.

“Esa costumbre se extendió rápidamente por el resto de Perú y luego por otros países de América hasta pasar posteriormente a Europa”, señaló Nieto.

Del Castillo continuó pronunciando el sermón en los años posteriores hasta el momento de su fallecimiento en 1673, cuando fue enterrado en la iglesia de San Pedro de Lima junto a la cruz del Baratillo que el jesuita utilizaba durante sus predicas en el barrio del mismo nombre, situado en el municipio limeño del Rímac.

Armando Nieto, autor del libro biográfico “Francisco Del Castillo. El apóstol de Lima”, publicado por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), señaló que existe una causa de beatificación para el sacerdote jesuita que hasta el momento no se resuelve por parte de El Vaticano.

El extenso sermón constituye una prueba de fortaleza y de devoción para los religiosos que la pronuncian, entre ellos el sacerdote peruano Carlos Martínez, quien falleció de un infarto en 1928 instantes después de finalizar su discurso, según las crónicas del momento.

Actualmente el sermón de las siete palabras se celebra cada Viernes Santo en la catedral de Lima, a pocos metros de la antigua ubicación de la capilla de los Desamparados, construida a petición de un valenciano en honor a la patrona de Valencia (España) y demolida en 1938 para ampliar el Palacio de Gobierno.

El historiador y director del museo de la catedral de Lima, Fernando López, comentó a Efe que ahora son siete obispos o sacerdotes los que intervienen durante el sermón para interpretar cada uno de las siete palabras de Jesús.

La reflexión de la última palabra, que es “Padre, en tus manos encomiendo su espíritu”, queda encargada al cardenal y arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, quien el año pasado desafió una dolencia en su pierna y realizó toda su intervención de pie a pesar del dolor que sentía, recordó López.

“También ha habido otros sacerdotes que han participado en el sermón a pesar de encontrarse con fiebre. Frente al púlpito tenemos un inspiratorio, que es una representación de la crucifixión, e influye inspiración y fuerza física para acometer el sermón”, añadió el historiador.

El sermón de las siete palabras también se pronuncia el mismo día en otras ciudades de Perú como Arequipa y Ayacucho, en los Andes del sur del país, y en otros lugares del mundo católico como Valladolid (España), Álava (España), Cartagena de Indias (Colombia), Caracas y Tegucigalpa.

Fernando Gimeno

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