Romero, un referente en el mundo por sus llamados al diálogo y la reconciliación en los años previos a la cruenta guerra civil (1980-1992) fue beatificado en San Salvador ante una multitud, tras años de debate en el Vaticano sobre si su mensaje estaba apegado a la doctrina de la iglesia o respaldaba a la izquierda rebelde de América Latina.
La ceremonia, oficiada por el cardenal Angelo Amato, un enviado oficial del papa Francisco, llegó como un bálsamo para la sociedad salvadoreña, sumida en una rampante ola de homicidios y violencia atribuida a las violentas pandillas que asolan al empobrecido país centroamericano.
Las cifras de homicidios de los últimos 23 años son comparables a las 75.000 muertes bajo la guerra civil (1980-1992) que enfrentó al Ejército salvadoreño, apoyado por los EEUU, y la ex guerrilla izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que gobierna.
“La beatificación de Monseñor Romero, obispo y mártir, es una fiesta de gozo y de fraternidad, es un don del Espíritu Santo a la iglesia y para el noble pueblo salvadoreño”, dijo Amato.
El enviado papal aseguró que el mensaje de Romero estuvo apegado a la doctrina de la iglesia y no apuntó a sembrar la división, como es acusado por sus detractores.
Los feligreses clamaron entre cantos y oraciones la intervención de Romero para que llegara la paz al país.
Romero, hijo de un telegrafista y ordenado sacerdote en Roma en 1942, se convirtió en un líder entre la feligresía cuando sus posturas se hicieron más radicales en denunciar las injusticias y las violaciones a los derechos humanos que cometían los cuerpos de seguridad del Estado contra la población.
El arzobispo fue asesinado por un francotirador el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba misa en una capilla de un hospital para pacientes con cáncer en San Salvador. El Vaticano lo considera ahora un mártir por haber sido asesinado oficiando misa y su beatificación, concretada a instancias de Francisco, se basa en que su asesinato es considerado un acto de “odio a la fe” en la Iglesia Católica. Aunque los responsables nunca fueron llevados a la justicia, una comisión de la verdad de la ONU determinó en 1993 que el coordinador del ataque fue el mayor Roberto D’Aubuisson, fundador del escuadrón de la muerte. reuters