Nuestro país se encuentra entre las economías más dinámicas de la región, según confirman organismos locales e internacionales.
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento del país –del orden del 4,2%– se da “pese a un contexto externo más difícil”, y añade que Paraguay “ha crecido más rápidamente que otros países de la región y este impulso se está ampliando”.
El Paraguay crece y ello no debería darse por descontado o despreciarse como factor condicionante e importante para nuestro presente y/o futuro. También como ciudadanos corresponde valorar esta coyuntura, que esperemos tenga una proyección sostenible.
Se trata de un dato altamente positivo para cualquier nación del mundo. Más allá de los problemas existentes en diversos ámbitos, y del freno que registrado en este segundo trimestre, que la economía se proyecte con este signo no es un dato malo o sin importancia, al contrario, es la posibilidad de contar con la riqueza necesaria para la generación de soluciones, abriendo así las puertas al desarrollo, que debería ser el objetivo final del gobierno de turno. Pero una cosa es clara, ningún país puede pretender lo segundo sin alcanzar lo primero.
Y como es sabido para que el crecimiento se transforme en desarrollo se deben concretar acciones y políticas públicas a mediano y largo plazo que apunten al bienestar de la población, como los servicios básicos para los sectores sumidos en la pobreza; el fortalecimiento de la clase media, el mejoramiento del sistema de salud y educación; la industrialización y la continuidad de las obras públicas, que promoverá la generación de empleos, y así la mayor demanda de bienes y servicios; el acceso al agua potable, en especial para comunidades campesinas e indígenas, lo que a la postre significará mejorar la salud de la gente, entre otros puntos.
La educación y la salud son temas claves, según explican los economistas, pues son los que permiten que todas las personas sean aptas para los empleos, tengan las competencias educativas y la salud necesarias para acceder a un puesto laboral.
Por otro lado, también lo es la industrialización en este proceso de desarrollo, pues es poco recomendable que estos números positivos de la macroeconomía dependan en gran medida del cultivo intensivo y mecanizado de la soja, producción que ocupa poca mano de obra y enormes extensiones de tierra, además de expulsar a las poblaciones y enfrentar serios cuestionamientos ambientales por el uso de agroquímicos de impacto.
Igualmente, la seriedad y respeto a las instituciones y las entidades de control y fiscalización son elementos que también marcan la continuidad de los valores de crecimiento.
Paraguay está creciendo, y hay que aprovecharlo. Pero si el Estado no invierte adecuadamente sus recursos hacia el desarrollo social que necesita el país, todo lo avanzado corre el riesgo de perderse.
El crecimiento económico del Paraguay puede ir de la mano del bienestar y la disminución de la desigualdad. Es cuestión de estrategias adecuadas, voluntad política, amor a la patria y honestidad.