Opinión

El país del señor presidente

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Andrés Colmán Gutiérrez Por Andrés Colmán Gutiérrez

Lo volvió a decir. Ni siquiera se ruborizó. No fue suficiente que, en diciembre de 2020, cuando había asegurado que “el Paraguay tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo”, muchos lo hayan tratado de “delirante”.

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Esta vez, durante un acto del Indert en la colonia San Juan, Canindeyú, el jueves último, lo volvió a decir: “Vamos a poner todo nuestro esfuerzo para que Paraguay siga siendo un ejemplo en política sanitaria, de contención del Covid”.

Iporã nde ejemplo, presidente. ¿En qué país vive usted? ¿En el de las maravillas de la intrépida niña Alicia, la de la novela de Lewis Carroll? ¿Será que evoca la célebre frase de Sotero Ledesma, aquel títere sindical de la dictadura stronista, quien, para defender a su tiránico líder en los años 80, proclamó: “¡Vivimos en un país divino!”?

Es comprensible que quiera defenderse ante las muchas críticas y ataques a su gestión, pero para que esa defensa sea efectiva y creíble, se requiere al menos de una mínima dosis de realidad.

Sostener que el Paraguay “tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo”, cuando la mayoría de los organismos técnicos internacionales aseguran lo contrario, resulta temerario.

El Banco Mundial (BM) refiere en un informe que el Estado paraguayo es uno de los que menos invierten en salud en el continente: apenas 173 dólares percápita, frente al promedio de 326 dólares percápita en la región.

Otro estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sostiene que el Paraguay es uno de los países en donde la gente más debe pagar la atención en salud de sus propios bolsillos, ante las carencias del Estado (En un 42%, frente a países como Cuba, donde lo hace solo 4,3%; Surinam, 11,40%; Colombia, 15,36% o Uruguay, 15,58%). Y para poder cubrir esos “gastos de bolsillo”, ya se sabe: hay que recurrir a la solidaridad ciudadana con polladas, tallarinadas, hamburgueseadas, rifas a beneficio.

¿Por qué, si tenemos “uno de los mejores sistemas de salud del mundo”, los pobladores de zonas de frontera deben inventarse una “doble nacionalidad” de manera ilegal para poder recibir una mejor atención de salud en ciudades brasileñas o argentinas, como ocurre cotidianamente entre Capitán Bado y Coronel Sapucaia, entre Ypejhú y Paranhos, entre Alberdi y Formosa? La diferencia de calidad de nuestra infraestructura sanitaria con la de las naciones vecinas es abismal y hay que agradecer el gesto solidario de recibir a nuestros compatriotas, cerrando los ojos ante la “irregularidad”.

¿Ejemplo en política sanitaria de contención del Covid? ¿Esta dolorosa realidad de hospitales colapsados, con pacientes que esperan una cama de terapia intensiva mientras se mueren en sillones y camillas, en corredores y pasillos? ¿Estas carreras desesperadas por conseguir los medicamentos que el Ministerio de Salud les niega? ¿Esta desesperanza de ser los últimos en acceder a las vacunas?

¡Vamos, presidente! Está bien que usted rechace leer los diarios y prefiera solo leer la Biblia en su país de maravillas, pero no nos tome por estúpidos. El luto que llevamos por tantos parientes, amigos y compatriotas que se están muriendo en este Paraguay real, debido al deficiente sistema de salud pública, no se lo puede permitir.

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