La feria abrió ayer sus puertas con el sector afectado por un clima más sombrío que años anteriores, y a simple vista, más pequeña y menos concurrida que en ediciones pasadas.
Además, el poder de los consorcios digitales parece que puso nervioso al mundo de la edición, que hasta ahora trató de insistir que la digitalización era una fuente de oportunidades más que una amenaza.
El encuentro con Paulo Coelho, en diálogo con el director de la Feria, Jürgen Boos, terminó centrándose en el tema de la digitalización. La idea era que Boos entrevistara a Coelho, pero el escritor primero disparó una pregunta a Boos y quiso saber cuáles eran las mayores transformaciones de la feria en los últimos diez años.
“He visto gente que le tenía miedo a las fotocopiadoras, a las máquinas de fax, y ahora hay quienes temen la digitalización”, dijo Boos, que suele insistir en que la mercancía clave del sector son las historias que se cuentan y que el formato es secundario.
Coelho, por su parte, recordó que la Feria de Fráncfort era un invento de Gutenberg, lo mismo que la imprenta, y que en su momento los monjes habían visto con desconfianza el libro impreso.
“Los monjes tardaban dos años en hacer un ejemplar a mano. Era obvio que desconfiaran de una máquina que produjera ejemplares en serie”, dijo.
La digitalización, como tal, según Coelho, tiene sus ventajas claras. “La cultura es accesible en todas partes”, dijo el escritor repitiendo casi un lema que tiene escrito el consorcio Google en un papel de su stand en el pabellón 8.
Naturalmente, admitió el escritor, también es una fuente de preocupación para la gente que trabaja en el proceso de edición, para los que, según él, la única solución es adaptarse. “Queramos o no, el mundo será digital”, dijo Coelho. Una de las claves, según el escritor, es no insistir en el precio fijo de los libros digitales, cercano al de los libros impresos. EFE