En una entrevista al suplemento cultural Ñ del diario Clarín de Argentina, el etnolingüista y sacerdote jesuita de origen español Bartomeu Meliá manifiesta su preocupación por las lenguas débiles o frágiles.
Estas lenguas, según su definición, son las que se van quedando progresivamente sin hablantes. “Y cuando una lengua deja de hablarse, se termina una visión del mundo”, declara el sacerdote que fue entrevistado en la expedición fluvial Paraná Ra’anga.
En ese sentido considera que la segunda lengua del Paraguay, el guaraní, se ha convertido en una lengua débil. “El guaraní reclama una representación oficial de la que aún carece el país”, declara.
Manifiesta que si el guaraní desapareciera, se perdería un sistema de tiempos que no corresponde al castellano.
“Hay muy pocos tiempos en el verbo, pero hay una proporción enorme de partículas de aspecto y de modo que se combinan con los tiempos y que, a veces, parecen tiempos”, señala a Clarín.
Agrega que en la fórmula “Ya comí todo”, dicha en guaraní, el “todo” es al mismo tiempo “ya”.
“Las lenguas, cuando son fuertes, tienen una gramática implícita, una coherencia de la cual todos participan. Si no, no hay manera de entenderse”, añade Meliá.
Afirma que el peligro es que quienes llegan del mundo latino intenten meter la lengua originaria enteramente en el zapato del latín.
Por su parte, Melía manifiesta que, actualmente, hay unas 6.000 lenguas en el mundo. “Cada 15 días se pierde una. Las más críticas son las lenguas tribales de la India”, dice.