Opinión

El golpe de Estado que no habrá

Andrés Colmán Gutiérrez - @andrescolman

Hace más de una semana, la querida guitarrista paraguaya Berta Rojas hizo una propuesta al presidente de la República, ingenua o cándida, pero a la vez revolucionaria para el particular momento de crisis que vive el Paraguay. Desde Estados Unidos, en donde vive y trabaja, sin desconectarse de la suerte que vive su tierra mágica, Berta formuló en pocas palabras un plan de salida digna para el hoy “desaparecido en inacción” Mario Abdo Benítez.
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Tras definir al mandatario como “un niño con miedo, que tiró la hondita y se fue a esconder”, y que necesita “dar la cara frente a la población… asumir sus responsabilidades”, le planteó el gesto radical de propiciar un peculiar autogolpe de Estado contra su administración.

“Debe dar un golpe contra su propio Gobierno, rodearse de las mentes más brillantes de la sociedad civil paraguaya: los intelectuales, los artistas, la gente del mundo empresarial, los profesores, los líderes campesinos. Tiene que formar un gobierno independiente, con gente talentosa, honesta, con experiencia internacional. Hay que dejar que los más talentosos, los más cultos, los más empáticos, los más solidarios, dirijan el país en este tiempo de crisis. No es posible que un pequeño grupo de gente egoísta y con total falta de empatía sea más fuerte que la mayoría del país”, declaró.

Ante una situación de gran pérdida de credibilidad y confianza, con exigencias de renuncias y amenazas de juicio político, a poco menos de la mitad de su mandato, en medio de una tormentosa crisis sanitaria, política y económica, al presidente lo puede salvar un fuerte giro de timón, sacando de su Gabinete a todos los ministros, funcionarios y personajes marcados por denuncias de ineficiencia y hechos de corrupción, sustituyéndolos por personas de reconocida capacidad y conducta ética, sin importar colores partidarios, pertenencias étnicas, corrientes ideológicas o filosóficas, ni credos religiosos.

Una situación así, que sorprendería gratamente a gran parte de la ciudadanía, podría ubicar al actual mandatario en un lugar inédito en la historia, reivindicándose como el estadista que supo recrearse a sí mismo, insuflando energías y esperanzas nuevas al país, cuando se encontraba en sus horas más oscuras. Generaría una corriente positiva en la población y marcaría un antes y un después.

Lamentablemente… no lo va a hacer. Marito tiene una historia demasiado atada a la mentalidad stronista desde su linaje familiar y su entorno político. Tiene demasiadas facturas pendientes con un establishment que lo sigue alentando, mientras se sobrefacturan obras y se siguen barajando privilegios. Prefiere seguir aferrado al salvavidas que desde hace un año le arrojó su ex contrincante y ahora aliado, Horacio Cartes, que lo salva con votos en el Senado, pero lo destroza con campañas desde sus medios periodísticos. Prefiere seguir sostenido por una cúpula de seccionaleros y hurreros, ocultos entre las paredes del Palacio de López y de Mburuvicha Róga, ignorando a la gente en las calles que pide su cabeza. De “Marito de la Gente” a Marito sin la gente.

Es el golpe de Estado en positivo que no habrá. A no ser que, en una de esas, despierte de su letargo palaciego y, desde alguna realidad paralela, le haga caso a la gran Berta y decida sorprendernos.

Soñar no cuesta nada.

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