07 may. 2026

El ejemplo

LA QUINTA INTEMPESTIVA. Sergio Cáceres Mercado - caceres.sergio@gmail.com

Cuando empezaba el colegio, había un compañero de los cursos superiores que había nacido con severos impedimentos físicos y que, sin embargo, no se arredraba ante nada.

Creo que no hubo nadie en el Colegio Técnico Javier que no haya quedado aleccionado con su ejemplo. Lucho era el apodo por el que todos lo conocíamos.

Recuerdo un día en la formación previa al inicio de clases, en que los directivos y profesores lo pusieron como ejemplo de alumno ejemplar. A pesar de que le costaba sostener con sus dos brazos un lápiz, tenía todas en orden sus anotaciones y sus calificaciones eran superiores al promedio.

Pero un día fuimos a las canchas a jugar fútbol y lo vimos a Lucho con la pelota. A pesar de tener una pierna la mitad más corta que la otra, su talento era innato. Dominaba el balón mejor que cualquiera y en la cancha, al momento de jugar, era un peligro de gol constante.

Era muy difícil marcarlo, y debía uno perder el respeto a su condición si quería detenerlo antes de que anotara o hiciera un pase-gol.

Pasaron los años, egresamos y cada uno fue haciéndose camino.

Hace poco, Lucho apareció de nuevo en la vida de muchos de nosotros cuando un canal de televisión contó su historia.

Otra vez él era un ejemplo para todos. Pero ahora ya no era un colegiante, sino un trabajador con un puesto en la calle, con el que se gana el pan cada día. A pesar de haber estudiado una carrera, los prejuicios de los demás impedían que consiguiese un empleo en su profesión.

Así y todo, a veces Lucho es llamado a dictar charlas sobre cómo sobrellevar la existencia a pesar de los obstáculos que ella nos ponga.

Lo suyo, lo sabemos, no es solo pura charla teórica, sino que predica con el ejemplo. Y lo hace desde que nació.

La historia de su vida, contada en televisión, movilizó los sentimientos de muchos. Y eso que las cámaras no lo captaron jugando fútbol, deporte que sigue practicando en los torneos de ex alumnos del CTJ.

Volver a ver a Lucho me recordó muchas cosas, no solo de la época del colegio, sino de cómo solemos enfrentar las cosas de este mundo, al que a veces juzgamos como injusto y cruel con nosotros.

Los injustos, en realidad, somos nosotros, no la vida.

La entereza de Lucho vuelve a ser inspiradora una vez más.

Hay que dar gracias por eso.