Opinión

El ejemplo argentino

Brigitte Colmán – @lakolman

Queremos a nuestro país, y sentimos orgullo de un montón de cosas que nos definen a los paraguayos. No paramos de emocionarnos porque el tereré ya es patrimonio cultural de la humanidad; y alardeamos con frecuencia del idioma guaraní, la sopa paraguaya, aquella selección de Francia 98, las copas internacionales de Olimpia, Francia, López y 13 Tuyutí. Pero es inevitable en estos días no sentir una sincera envidia por algunas leyes que aprueban en la Argentina.

Hace muy poco el Senado argentino aprobó un impuesto a las grandes fortunas. De una población de 45 millones, la llamada Ley de Aporte Solidario y Extraordinario afectará a unas 12.000 personas, que son las que declararon poseer un patrimonio superior a 2,5 millones de dólares, pero como dice su nombre, será pagado por una única vez.

Con este aporte van a recaudar 14 millones de dólares; y según se informó el 20% de lo recaudado será destinado para garantizar el abastecimiento de suministros médicos, el 20% para socorrer a pequeñas y medianas empresas, otro 20% para becas estudiantiles, 15% para desarrollos sociales y el 25% restante para proyectos de gas natural.

Voceros del Gobierno argentino aseguran que no es una persecución, mientras que la oposición se opone tenazmente, como corresponde.

Las comparaciones, como sabemos, son odiosas. Pero desde esta isla rodeada de tierra no podemos menos que suspirar cuando vemos ese tipo de iniciativas que sabemos difícilmente se logren implementar en nuestro país.

Somos uno de los peores países de la región; la pandemia lo único que hizo fue mostrar muy explícitamente la profunda desigualdad que sufrimos y el desequilibrio a la hora de cobrar impuestos para mantener a un Estado gigante e ineficiente.

Como suelen explicar los economistas, en nuestra estructura tributaria predominan los impuestos indirectos, y como consecuencia de eso, son los más pobres quienes soportan proporcionalmente una mayor carga tributaria. O dicho de otra manera, la carga es más pesada para los pobres que para los ricos.

Un artículo publicado por la organización Decidamos, en mayo de este año, explicaba lo siguiente: En el 2017, un informe de la Subsecretaría de Estado de Tributación decía que 5 de los 10 contribuyentes del IRP (impuesto a la renta personal), con mayores ingresos brutos declarados en el 2016, pagaron CERO guaraníes en concepto de dicho impuesto. Estos contribuyentes tenían ingresos brutos declarados, cada uno, de entre 43.000 y 80.000 millones de guaraníes en un año; o entre 3.500 y 6.500 millones de guaraníes al mes.

¿Y por qué pagaron CERO guaraníes en IRP? Debido a las facilidades para deducciones que les otorga la legislación tributaria.

Si la ley tuviera un sentido de equidad tributaria y progresividad, estos 5 contribuyentes podrían haber aportado solo en 2017 unos 3.300.000 dólares.

Con ese monto, dice el informe Decidamos, se podrían comprar 110 respiradores para el sistema público de salud; o beneficiar a 43.000 familias más con el programa Ñangareko; o llegar con el Programa Pytyvõ a 20.000 beneficiarios más.

Y a no olvidar que nuestros parlamentarios, que son bastante pusilánimes, ni se atreven a aumentar el impuesto al tabaco. Cuando el tabaquismo genera un costo directo anual en el sistema de salud de G. 1,5 billones, lo que equivale al 1,09% de todo el producto bruto interno del país, y al 12,1% de todo el gasto público anual en salud. El dato escandaloso es que la recaudación impositiva por la venta de cigarrillos es de alrededor de G. 318.945 millones anuales, que apenas cubre el 20% de los gastos directos provocados por el cigarrillo en el sistema de salud.

De modo que sí, que se vale soñar con tener alguna vez en el Paraguay una clase política que trabaje y procure el bienestar de la población, y no defienda exclusivamente los privilegios y las ganancias de sus cómplices y financistas.

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