Correo Semanal

El documental es dar un poco de justicia

La directora de Cadete Amarilla, mi hijo, que representará a Paraguay en los Premios de cine Goya y Ariel, habla y reflexiona sobre su trabajo.

Miguel H. López
@miguelhache

Patricia Aguayo es la directora del documental que representará a Paraguay en dos premios cinematográficos internacionales muy importantes en 2020, el Goya de España y el Ariel de México. La obra Cadete Amarilla, mi hijo, fue la preferida del jurado de la Academia de Cine del Paraguay ante otras 5 obras (todas de ficción). La asunción del género mayor del séptimo arte a este sitial para mostrar al mundo lo que Paraguay está haciendo en la cinematografía, sigue constituyendo el quiebre de preconceptos y giro de miradas en un ámbito (en el país) aún atávico y poco afecto a la democracia hacia la creación.

Aún no me recupero del shock, expresa Patricia y ríe cuando habla de lo que significa esta designación. El anuncio vino después de que la Academia haya superado parcialmente la crisis interna por haber inicialmente negado la participación paraguaya en los premios internacionales (incluyendo el Oscar) alegando que no había pieza con valor suficiente. Sin embargo, la votación mayoritaria para el Goya y el Ariel había dado el primer lugar al documental sobre la sospechosa muerte del soldado Marco Amarilla (17 años), hijo de un capitán retirado, en los cuarteles del ejército paraguayo.

El estreno de la obra tardó mucho. Los preparativos llevaron año y medio hasta que llegó a las pantallas. Las idas y venidas de la vida hicieron que su propia culminación –desde el primer momento de las grabaciones– durara 10 años. Este tiempo, según la directora, fue muy importante para madurar ideas y miradas, “porque un documental siempre es más complejo”.

En cuanto a la calidad técnica del trabajo, que es un requisito para calificar a la selección y los festivales internacionales, la realizadora manifiesta que una decisión fundamental fue trabajar con los mejores en sus respectivos ámbitos. Consideró que el sonido, uno de los problemas recurrentes en la producción nacional, fue su mayor preocupación y por tanto lo que más cuidó.

La obra fue encarada por personas, no por empresas productoras. En la fase última se unió un grupo de chicas que mantiene una productora novel, como apoyo. En el ámbito de la creación documental ésta suele ser una característica recurrente.

EL CINE DOCUMENTAL Y SU VALOR

Cadete (66 minutos de duración) constituye en la carrera de Patricia la concreción de una fase. La misma tiene una larga trayectoria de trabajos que van desde la asistencia, la producción, la realización y la dirección. Formada en cine documental en la prestigiosa Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, desarrolló actividades audiovisuales en el ámbito de la creación publicitaria, series, documentales, animación y ficción, con referentes importantes de la cinematografía local. Por tanto el impacto de su primer largometraje no es casualidad.

La directora es consciente de que en muchos ámbitos, incluso en el de las audiovisuales, hay quienes no saben qué es exactamente un documental. El género es la madre del séptimo arte atendiendo que el cine comenzó siendo documental. Por esta razón la representación de Paraguay en los dos prestigiosos festivales con una obra documental marcará nuevamente un hito. En los Goya ya se habían visto documentales paraguayos como Cadete, sin inserciones ficcionadas, que fue el caso de Cuchillo de palo de la directora nacional Renate Costa, pero que representó a España (2012); luego estuvieron En tiempo nublado de Arami Ullón (2015) y Ejercicios de Memoria de Paz Encina (2017), que representaron al país. Las ficciones que fueron 7 Cajas (2012), Luna de cigarras (2013) y Las herederas (2018).

“Espero que esta experiencia fije el precedente de que se pueden estrenar documentales; y crear una conciencia de que el documental es una forma de expresión cinematográfica, que puede ser más periodístico o más de autor”, acota Patricia al tiempo de alegar que por ahora este es el género en el que piensa desarrollarse, sin excluir en el futuro otras experiencias como directora.

Considera que dirigir una obra cinematográfica siempre será un reto gigante. “Es más cómodo estar detrás de otros directores y hacer que todo funcione para que ellos puedan realizar lo que desean. Cuando uno está al frente y debe coordinar equipo y contar la historia como quiere, siempre el compromiso será mucho mayor”.

LAS HISTORIAS Y LA DIGNIDAD

Contar historias reales es el punto de inflexión, expresa Patricia. “Siempre se debe cuidar la dignidad de las personas que se retrata o cuya memoria se aborda”. Agrega como aprendizaje que el documental necesita su tiempo. “Cuando empecé (a grabar Cadete) acababa de volver de Cuba. Me apuré en algunos sentidos; y para un documental no hay que apurarse. Hay que dar tiempo a las cosas. No es como una ficción en donde ya tenés tu libreto terminado, ya sabés que vas a trabajar con actores, story y ya filmás. Salvo que hagas un documental muy ficcionado. No es mi línea, por el momento”.

Sobre asumir la realización para contar la historia del cadete Amarilla, Patricia explica que su principal compromiso fue con la familia, la que vivió y vive el drama posterior a la pérdida de uno de sus miembros en condiciones no aclaradas y a tan temprana edad.

En cuanto a sus próximos proyectos documentales y filmográficos, la realizadora habla de uno que incorpora animación, con título provisorio: Mainumby, aunque ahora está en trabajo de terminación de cortos en stop motion con el equipo de Pollito Films.

EL BLANCO Y NEGRO DE LA TRISTEZA

La película en gran parte es en blanco y negro por alguna razón, lo que genera un clima espeso en un relato de por sí sobrecogedor. “La vida de esa familia es en blanco y negro. Si uno conoce a los protagonistas y oye su relato, siente que sus vidas es en blanco y negro, que todo lo que tenía color se fue con Marcos. Solo las fotos y lo que tiene que ver con el pasado está en colores”, cuenta Patricia.

Es consciente de que el documental emociona. La misma protagonista, la madre del fallecido, lo exteriorizó después de verlo. Lo que más impacta, delinea, es la injusticia y contarla es posiblemente una suerte de acto de desagravio. “Hay cosas que hasta ahora siguen pasando y no puedo creer. Muchas injusticias que tienen que ver con la vida de las personas. Siento que el documental es una forma de dar un poco de justicia en algunos ámbitos. En nuestro caso lo que tiene que ver con historias pasadas, la dictadura, la milicia. La gente necesita expresar...”, afirma.

El documental de Patricia Aguayo muestra la síntesis de las cientos de historias de abusos, despojos y crímenes que se cometieron y siguen cometiendo bajo el argumento del servicio a la Patria en la milicia. La violencia hacia la dignidad y vida de adolescentes en los cuarteles es una de las más terribles marcas y prácticas que se extienden desde la dictadura de Stroessner (1954-1989) hasta el presente. Representa en sí el relato del Estado terrorista y la falta de justicia en un vacuo Estado de Derecho en donde el servicio militar obligatorio sigue siendo una de las principales áreas de violación de DDHH.

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