Editorial

El comienzo de la democracia debe ser motivo de celebración

Transcurridos 31 años del golpe que derrocó al dictador Alfredo Stroessner, aquel punto de partida de la democracia en el Paraguay casi ya pasa desapercibido. Este 3 de febrero no hubo recordaciones a nivel oficial por parte de ninguno de los tres poderes del Estado. Esta indiferencia dice mucho del poco valor que tiene la conquista de las libertades para nuestros políticos, quienes ya no recuerdan al parecer que toda opinión discordante a la del dictador estaba proscripta, como estaban prohibidos los partidos de oposición, los sindicatos y hasta centros de estudiantes en las universidades. Nuestra democracia puede ser imperfecta, pero siempre es mejor que vivir en una dictadura, que tortura y mata a quienes piensan diferente.

El Gobierno de Mario Abdo Benítez, cuyo padre fue parte del régimen de Stroessner, no llevó a cabo ningún acto oficial de recordación de la caída de la dictadura.

Es inaceptable que el regreso de la democracia en el Paraguay no sea objeto de celebración. Celebrar es conmemorar, es recordar, es tenerlo siempre presente; y eso es precisamente lo que se merece cada 3 de febrero en el Paraguay, como la fecha en que se inició un proceso a la democracia.

No muchos son conscientes de que estamos viviendo la etapa más larga de vida democrática en toda nuestra historia: la dictadura de Alfredo Stroessner duró 35 años. El fin de un régimen autoritario que se impuso por el miedo y la represión, que violó los derechos humanos de los paraguayos, que torturó, asesinó, desapareció y exilió a miles de compatriotas, debe ser motivo de recordación.

Las cifras del terrorismo de Estado, que en 2008 presentó oficialmente la Comisión Verdad y Justicia, son muy contundentes: 20.090 víctimas directas de violaciones de derechos humanos; 19.862 detenidos en forma arbitraria o ilegal; 18.772 torturados; 59 ejecutados extrajudicialmente; más de 400 desaparecidos; 3.470 exiliados; 107.987 víctimas indirectas (familiares y allegados); 7.851.295 hectáreas de tierras malhabidas.

El llamado Archivo del Terror contiene informes de los propios torturadores y policías de la dictadura, y se conserva en el Centro de Documentación y Archivo - Museo de la Justicia, en el Poder Judicial, el cual puede y debe ser visitado por todos los paraguayos.

Se dice que un pueblo que niega su historia está condenado a repetir sus errores; es por eso que es tan importante la celebración del inicio de la democracia. Durante el gobierno del general Andrés Rodríguez el día 3 de febrero fue declarado como feriado, pero esto cambió en el gobierno siguiente, minimizado con el argumento de que sobraban días feriados.

La clase política paraguaya tiene una deuda pendiente, entre tantas otras, con este proceso de desmemoria. El aniversario del golpe que derrocó a Stroessner debería ser un día para celebrar la democracia, pero como una acción del Estado, para asegurarnos de que este proceso no vuelva a interrumpirse; como una jornada de memoria y recordación en el Poder Judicial, en los ministerios y en el Congreso Nacional. La Coordinadora de Derechos Humanos de Paraguay reclamó precisamente la falta de justicia, y cuestionó la falta de interés del sistema educativo en la historia reciente.

Justamente la omisión de la gran significación de este día pone de manifiesto que vivimos en un permanente peligro de regresión. Stroessner sigue muy presente y el olvido que pretenden imponer no es simple negligencia, es una operación sostenida por los poderes económicos y políticos que sostuvieron y se beneficiaron con la dictadura, y siguen gozando los privilegios en democracia.

La nuestra es una democracia con muchos defectos; nuestras instituciones funcionan mal, hay poca participación política y casi nula cultura política. Nuestra democracia tiene deudas en la lucha contra la corrupción y la pobreza. Pero con todo, será siempre mejor que una dictadura.

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