El cementerio de la ciudad de San Lorenzo es un ejemplo de un crecimiento sin planificación y de la venta en el pasado de espacios que correspondían a callejones. Gran parte del camposanto es una aglomeración de sepulturas, pegadas unas a otras, y por ende con mucha dificultad se realizan las inhumaciones de los difuntos.
Prácticamente toda una manzana ubicada sobre la ruta 1 abarca el predio del cementerio sanlorenzano. El lugar sólo tiene dos amplias vías en el interior para circular a partir del acceso principal, y sólo en las cercanías de estos caminos hay un mínimo espacio entre los panteones. Y en los demás sectores, que es la mayor parte del camposanto, las sepulturas están prácticamente superpuestas.
En este embrollo de tumbas es difícil caminar y se debe buscar algún pequeño espacio por donde desplazarse. En algunos sitios se puede observar que la construcción de un nicho taponó a otro, y esto hace imposible una nueva inhumación en el lugar.
LOS ENTIERROS. El personal que trabaja en el cementerio fue consultado por ÚH de cómo realizan las inhumaciones en la zona del laberinto, ya que no hay caminos internos. Respondieron que deben alzar los cajones al hombro y empezar a buscar un espacio. Incluso a veces hunden la sepultura de un lugar por donde caminaron.
Simeón Samaniego, que estaba visitando a un familiar difunto en la zona del embrollo de nichos, dijo a ÚH, que “lo ideal es tener pasillos internos”, pero reconoció que a estas alturas es imposible lograrlo, ya que el camposanto se construyó sin un orden.
Tanto visitantes como obreros del lugar, al ser consultados cómo hacer para llegar hasta un nicho, coincidieron en señalar que “jajeporeka vaerâ” (tenemos que rebuscarnos) y “ja rumbea vaerâ” (tenemos que tomar un camino)
Vicente Pineda, funcionario municipal y conocedor del lugar, dijo que el origen del desorden, ahora casi un laberinto, en el cementerio de la Ciudad Universitaria data de unos 30 años.