11 abr. 2026

Dos ciudades

Por Guido Rodríguez Alcalá

Comenzaré con Londres, cuya situación social en el siglo XIX fue magistralmente presentada por Charles Dickens, de quien tomo el título. Después de las reformas urbanas y edilicias de los siglos XIX y XX, en el XXI se siente un malestar en la gran ciudad: la falta de viviendas accesibles. O, lo que viene a ser la otra cara de la moneda, la especulación inmobiliaria, que ha llevado a las nubes los precios de los terrenos y de los departamentos. Según informa El Guardian (16-12-2014), fondos soberanos de Qatar, Abu Dabi y China, así como empresas privadas de Singapur, Malasia, Australia y otros países son propietarios de los inmuebles de 30.000 hogares, y esperan seguir en el negocio.

Gracias a las inversiones extranjeras se puede resolver el problema de la vivienda, afirmó un político inglés. No, le replicaron; esas son inversiones especulativas; son una especie de caja de seguridad, para precaverse de la devaluación del dólar o del euro; para eso se construyen departamentos de lujo que permanecen desocupados.

En un país de tradición liberal y que protege las inversiones, el Gobierno intervino en contra de la aplicación demasiado estricta de las leyes del mercado. El propietario de la hostería Focus E 15 decidió desalojar a todos sus ocupantes, en su mayoría mujeres; ellas llevaron el asunto a un juzgado, que les dio la razón. El propietario del complejo edilicio New Era de Londres quiso hacer algo similar, subiendo alquileres mensuales de 600 a 2.400 libras; los inquilinos se movilizaron y se paró la suba. También intervinieron las autoridades para sancionar a los propietarios que ofrecían inmuebles que no satisfacían ciertas condiciones mínimas de salubridad.

Esto me recuerda la rebelión de los vecinos de la calle Molas López de Asunción, que rechazaron la proliferación de edificios de altura en una cuadra; una victoria parcial, porque la especulación inmobiliaria prosigue a toda marcha.

En seis años, el precio de los terrenos de Asunción ha subido ocho veces. Como la economía no ha crecido ocho veces, debemos preguntarnos de dónde ha salido ese dinero. ¿Cómo quedará Asunción si se continúan levantando edificios de altura donde no se los debe levantar? Tenemos compromisos asumidos con inversionistas extranjeros, confesó una arquitecta. Por supuesto, a ella no se le pasó por la cabeza el compromiso con los residentes de Asunción, que cada vez tienen menos posibilidades de vivir en un ámbito urbano aceptable.

La especulación inmobiliaria (urbana y rural) es un fenómeno internacional: hay demasiado dinero offshore que necesita blanquearse. Precisamente por eso, es necesario que las autoridades comunales y nacionales hagan algo en defensa de los residentes de este país.

El cartismo sueña con hacer del Paraguay un nuevo Singapur; sin embargo, en Singapur se restringe la especulación inmobiliaria dentro del país; que lo hagan en el extranjero ya es otra cosa. Aquí se sigue el criterio opuesto: para perjudicar, primero a los compatriotas.