Opinión

Doña Perla, la vertiginosa

Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py

Hay que tener una temeridad asombrosa para contratar en el cortísimo plazo de tres meses a casi mil nuevos funcionarios municipales.

A Perla Rodríguez de Cabral, quien quedó brevemente a cargo de la Intendencia de Ciudad del Este, no le importó en lo más mínimo que su predecesora haya caído precisamente por corrupción. Ni la inmutó el hecho de estar al frente de la institución con más planilleros de todo el Alto Paraná. Una de dos: doña Perla tiene una osadía superlativa o una grave incapacidad de leer el contexto político.

Doña Perla es la esposa del ex diputado Elio Cabral, investigado por enriquecimiento ilícito en 2002, destituido de Aduanas e inhabilitado por tres años para ocupar cargos públicos, rehabilitado triunfalmente por Horacio Cartes y destituido recientemente por segunda vez de Aduanas. Por supuesto, el matrimonio era parte del riñón del clan Zacarías-McLeod.

El fugaz paso de doña Perla por la Intendencia dejó en segundo plano la rabia de la gente contra la gestión de Sandra McLeod.

Lo de ella era una mafia enquistada hace décadas. Pero lo de la efímera Perla era casi indescriptible. Cuando asumió Miguel Prieto, todos los funcionarios fueron convocados a la Municipalidad y frente a los relojes marcadores, se formaron delirantes filas de supuestos contratados. Centenares de hurreros y operadores políticos mantenidos por las arcas de los contribuyentes esteños se apretujaban en un espacio físico en el que no cabían. Allí estaban los más antiguos, de la era McLeod, y los novísimos, contratados por doña Perla.

Se vieron postales de nuestro tragicómico subdesarrollo. En pequeñas oficinas municipales se hacinaban funcionarios sin funciones que debían salir por grupos para que puedan entrar quienes querían hacer algún trámite.

En una sola dependencia había 39 recepcionistas. Existían 40 abogados y dos de ellos vivían en Alemania. Figuraban 20 arquitectos que no realizaban ninguna obra. Obviamente, con más de 2.700 funcionarios la Municipalidad está casi fundida. Lo llamativo es que menos del 10% de ellos eran permanentes. Mantenerlos bajo el esquema de contratados temporarios era el método del clan de asegurarse lealtad.

Prieto emprendió la tarea de depurar esa nómina escandalosa.

Con cara de piedra, los concejales le colocan palos a la rueda. Son los mismos que jamás pidieron informes ni cuestionaron a los Zacarías. Otros que no saben leer la realidad. Ojalá la ciudadanía les cobre tanto descaro. En cuanto a doña Perla, qué bueno sería que enfrente a una justicia vertiginosa.

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