En cien años más, en el planeta Tierra se extinguirán por lo menos unas tres mil lenguas, tres mil culturas. Mensaje lapidario hecho confesión no hace mucho por expertos en lenguas y culturas. Podríamos hacer notar que estudiosos en el tema han alertado sobre la velocidad vertiginosa de la extinción; yendo a prever que, cada año, en el mundo desaparecen inexorablemente veinticinco lenguas, veinticinco culturas. Sobre la humanidad se cierne la espada de Damocles como un riesgo severo, real, dramático, de pronta extinción. Nunca antes el grave peligro de desaparición de lo humano se presenta en el dintel entre su salvación posible o desaparición total. Del Homo sapiens hemos arribado a la emergencia de un Homo diabolicus.
Por ello, es importante recordar que en el mundo existen aún unas cinco mil culturas y lenguas. Cada cultura está conformada por seres humanos que constituyen la síntesis histórica en su manera de pensar y actuar en el mundo. La cultura es aquello que define a una persona, a su propio ser. Cultura es todo aquello que tiene que ver con la vida. Los Guaraní han sabido definirla en un mismo vocablo: teko, que quiere decir: vida, ser, modo de ser, herencia, patrimonio. Nuestro recordado escritor Augusto Roa Bastos había definido esa palabra ancestral guaraní, teko, con una explicación más acertada: “Teko es la definición ontológica de la cultura”, expresaba.
Recordemos que la palabra ontología adviene a la explicación del “ser como ser”, al decir de Aristóteles; gracias a ello, quizá, entenderíamos mejor el alcance de la gran sabiduría de nuestro escritor paraguayo; lo que él tal vez haya querido dignificar es ese alto contenido filosófico que han dispensado los indiecitos guaraní: el de haber inventado una palabra que resuma y vindique a la explicación de la cultura impregnada de ser humano. Dicho de otra manera, esto significa que sin el ser humano no existe cultura.
Y al echar vista a algunas definiciones en que la lengua guaraní aprecia el sufijo teko asociado a otras palabras que le confieren un significado particular, veamos, a modo de ejemplo: tekotevê es necesidad, menester; tekojoja refiere a la igualdad; tekoha, por el otro; define al entorno, a la naturaleza, a lo que rodea al ser; tekorã?ÿ es referente al ocio. Y tekoverã, ser para la vida.
Claro está, muchas culturas milenarias, y no sólo la guaraní, han puesto todo el empeño en nominar, a través de sus propias lenguas, bajo uno solo o dos vocablos a los significantes de: patrimonio, herencia, costumbres, formas de ser o de hacer. Todas las culturas, desde su existencia cultural y lingüística, han vivido atormentadas por el apasionado deseo de escrutar su mundo y de nominar las cosas y los seres. La necesidad de salvaguardar lo más precioso que ha realizado toda civilización, lograr que cada cultura tenga el derecho de expresar lo más singular que lo representa, permitir que cada uno y todos puedan tener acceso a la cultura de todos los demás, y al derecho humano del propio desarrollo de su cultura, a fin de que “la civilización de lo universal” sea algo muy distinto a la de una subcultura hegemónica (supra-poder unipolar). Para que esta civilización sea accesible al mayor número de personas; para que, en suma, el respeto al prójimo venga a sustituir al miedo al más fuerte.
En definitiva, y sobre todo para nosotros hoy en Paraguay, es necesario inferir a la cultura como plataforma de arranque hacia un impulso creador sin precedentes para que arriben a ser solidarias entre sí las diferentes fuerzas de lo imaginario que actúan en el escenario nacional. No habríamos sospechado las grandes oportunidades que las sociedades culturales entrañan. La diversidad cultural es una oportunidad para el bienestar de la comunidad, para el bienestar de la sociedad a través de la práctica socializada y el acceso justo en favor del reconocimiento de la creación y de las artes de todos. La aceptación de la diversidad cultural como reconocimiento de igual dignidad de todas las culturas, es un factor de suma importancia para combatir la exclusión, la ignorancia, la intolerancia y los prejuicios; y, más allá, porque la diversidad cultural vivifica la toma de conciencia en favor del desarme y por la instauración definitiva de la paz, y de las relaciones pacíficas entre los pueblos del planeta Tierra.
Hay que ver la cultura como plataforma de arranque hacia un impulso creador que respete la variedad cultural en el Paraguay.
GuillermoSequera
Investigador
guillermosequera@gmail.com