Una anécdota interesante cuenta sobre el campeón de Fórmula 1 Michael Schumacher a quien le preguntaron cuándo se dio cuenta de que podría alcanzar los lugares más altos de su carrera.
El corredor alemán, que hoy lucha por su vida, afirmó: “Cuando mi equipo fue capaz de reducir en un segundo el cambio de cubiertas en pista... en ese momento habíamos alcanzado la disciplina de equipo que nos faltaba”.
Esta introducción viene a cuento para hablar sobre qué hace que un grupo humano se convierta en exitoso o termine en un fracaso.
El tema ha sido tratado en infinidad de cursos de administración, pero todos coinciden en que saber lo que se quiere, cómo se quiere y dónde se desea llegar son claves para mantener la mirada de conjunto que una empresa o un gobierno necesitan.
Lo peor es cuando a la falta de todo esto culmina en luchas intestinas que solo presagian el fracaso. La conferencia de prensa del presidente del Banco Central para desacreditar a un funcionario suyo de seguros por el tema del SOAT porque según algunos lo habría maltratado en tiempos anteriores y era tiempo de una revancha, demuestra la falta de rigor y la traición recurrente que tenemos los paraguayos en las cuestiones emocionales. Nos cuesta un montón dejar a un lado estas cosas y concentrarnos en lo principal.
Pasa en el sector público y en el privado, donde las peleas sobre el escritorio, el teléfono, la secretaria, los cupos de combustibles, el vehículo, el chofer o los viáticos hacen parte central de cuestiones que de lejos debieran ser secundarias.
Además, como no existe un timonel que premie o castigue a quien hace bien las cosas, los problemas tienden a acumularse con claros signos de explosión a corto plazo.
A Fernández Valdovinos le traicionó el carácter y demostró que mucha educación basada en la racionalidad termina en el trópico marginada por cuestiones absolutamente emocionales y secundarias. Pasó algo igual con la furibunda nota esta semana de los proveedores de medicamentos del IPS, cuyos recursos superan los mil millones de dólares, pero se rehusa a pagar sus obligaciones dejando morir a sus asegurados por cuestiones que estoy seguro tienen características emocionales y no racionales. Una clara muestra de indisciplina.
Uno de los momentos de mayor corrupción del Estado se da en las reparticiones encargadas del pago donde generalmente la respuesta que recibe quien hace negocios con el Estado es que el “cheque aún no se liberó” lo que supone que alguien lo tiene “secuestrado” y requiere pagarse un “rescate” por el mismo.
El mayor humillador en las empresas y el Gobierno es el que paga, que muchas veces se cree dueño de un dinero que no es suyo y cuyo pago hace parte de su función. Nada mina más el espíritu de cuerpo de un equipo que cosas como estas.
En el Gobierno, el personaje más impopular de lejos es el ministro de Hacienda, quien malentiende que su tarea es no liberar los pagos. Estrategia que califican algunos como éxito en su tarea cuando en realidad es todo lo contrario. Lo que tiene que hacer es juntar el dinero establecido en el presupuesto y hacerlo circular. El administrador es tan torpe que en muchos casos esta incapacidad lleva incluso a que el Estado tenga que pagar intereses millonarios por créditos no utilizados.
El timonel debe concentrarse en crear una disciplina de team que haga que ni lo emocional, lo arbitrario ni lo injusto impidan lograr el éxito que la gente anhela y por lo cual paga en salarios un buen porcentaje de sus impuestos.