11 jun. 2026

Del laboratorio a la melé: La científica uruguaya que triunfa en el rugby

Desde un laboratorio transportando proteínas para el estudio de ciliopatías o desde el césped en medio de una melé, la vida de la uruguaya María Eugenia Cruces siempre estuvo repartida entre sus dos pasiones: el rugby y la ciencia. Ahora, es su talento deportivo el que la lleva a Europa.

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María Eugenia Cruces es licenciada en Bioquímica y estudiante de una maestría en Biología Molecular y Celular.

Aquella joven que comenzó jugando al rugby como pasatiempo mientras dedicaba su vida a la ciencia jamás pensó que hoy sería una de las mayores referentes de este deporte en Uruguay y que, a sus 28 años y como capitana de la selección, daría un histórico salto a Europa que las convierte a ella y a la también internacional Cecilia Verocai en las primeras del país en conseguir un contrato profesional.

“Estaba enfocada en estudiar y arranqué como hobby, cada vez me fui metiendo más y cada vez le fui dedicando más, desde la parte más deportiva, pero también a nivel de equipo, de desarrollo... El último año fue un montón y llegó esta oportunidad”, cuenta a Efe la jugadora sobre su fichaje de tres meses por el Calvisano, equipo del norte de Italia, adonde viaja el 7 de febrero.

“TERA” Y CIENTÍFICA

Licenciada en Bioquímica, estudiante de una maestría en Biología Molecular y Celular, pero también capitana de Las Teras (nombre por el que se conoce a la selección de rugby), Cruces ha sabido equilibrar su vida entre estas dos actividades, tan diferentes entre sí, pero que necesitan algo en común para fluir: la pasión.

Entre risas, los nervios por un futuro incierto y un notorio amor por ambas cosas, la científica rugbista habla sobre este camino en el que ha tenido que dedicar gran parte de las horas del día para poder cumplir con todo.

Salir con un bolso cargado de objetos de laboratorio, bata blanca, ropa deportiva y pelotas de rugby son parte de la rutina de esta jugadora, cuya vida ha girado en torno al Institut Pasteur (IP) de Montevideo, donde trabaja en el laboratorio de genética molecular humana, y el estadio Charrúa, donde se entrena.

“Es complicado. Salís con todo primero de tu casa, las jornadas son muy largas, hubo momentos que tuve que parar un poco porque estaba haciendo facultad y no podía con todo. Fui cada vez involucrándome más y dejando otras cosas para poder cumplir con las dos cosas. Sí, es hacer malabares con todo, pero se puede y además mucho apoyo de varios lados que me permiten la flexibilidad”, reflexiona.

Pese a que su trabajo habitual en el IP es el transporte de proteínas, su funcionamiento y las ciliopatías, y a que la virología no entra en su ámbito de estudio, cuando el Covid-19 llegó a Uruguay, en marzo del 2020, se ofreció como voluntaria para los laboratorios de diagnóstico desarrollados por ese centro científico, lo que califica de “linda experiencia”.

UNA MUESTRA DE CALIDAD

En Uruguay, el rugby es amateur tanto en hombres como mujeres. Sin embargo, la rama masculina ha explotado e incluso ha ido a citas mundialistas mientras que la femenina todavía lucha para crecer.

Por ello, la aventura de mudarse a Europa y de jugar en otra modalidad, ya que pasará del rugby 7 al 15, también representa una mochila cargada de ilusiones colectivas.

Cruces tiene claro su rol, sabe que como capitana y líder necesita dejar bien situadas a sus compañeras y ser un emblema para que más niñas se acerquen a jugar el deporte.

“Estamos tratando de trabajar en eso, en difundir: que niñas empiecen a jugar, no tenemos campeonato de juveniles, somos 150 jugadoras a reventar y es una situación que nos preocupa. Esta oportunidad está buena para mostrar que existe el rugby femenino en Uruguay y para aprender cómo hacen allá para desarrollarlo”, acota.

Según asegura, uno de sus sueños es poder ver niñas y adolescentes jugando al rugby y buscando crecer en un deporte que en Uruguay todavía tiene mucho camino por delante.

Con una tesis que espera defender por videollamada desde Europa y con una puerta que se le abre fruto del esfuerzo, las horas y el apoyo del entorno, Cruces tiene en la mira disfrutar y dar una pausa a su vida científica.

“Me gustaría poder juntar las cosas en algún momento como estuve haciendo. Creo que lo de jugadora es más una etapa como cualquier deportista, es corta y lo otro tengo un montón de tiempo”, concluye.

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