Fernando Lugo, el PLRA y el Bloque Social y Popular hicieron su lanzamiento el domingo en Coronel Oviedo. Fue la presentación de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), la fase final de un largo y traumático proceso llamado Concertación, que en sus orígenes fue más amplio y prometedor.
Pedro Fadul, rodeado de sus incondicionales, presentó su candidatura presidencial acusando al PLRA y a Lugo, y lanzando guiños indirectos a Lino Oviedo, la prima donna de la esquizofrénica política actual.
Y el liberado líder de Unace hizo lo suyo en su primera semana fuera de Viñas Cué: sobreexposición mediática a su más puro estilo, nadando en aguas de todas las corrientes tratando de jugar al misterioso, sobre todo cuando piropea al presidente Nicanor Duarte Frutos, el artífice de su victoria judicial.
A estas alturas ya podemos sentenciar que la Concertación ha muerto, y aunque ha dado vida a la Alianza Patriótica liderada por Lugo y el PLRA, aquel proyecto de gran unidad nacional naufragó estrepitosamente apenas se empezaron a repartir los cargos.
Se demostró una vez más que la política es el mejor y más cruel escenario que muestra a los protagonistas en su real dimensión y aunque muchos quieran disfrazar sus intenciones, al final se impone la verdad, desnuda, brutal.
Mienten los opositores cuando dicen que los une solamente un proyecto. Apenas se empieza a repartir la torta, también empieza la patética rebelión de los sin-cargo.
Basta con mirar hoy la ex Concertación. La real politik se impone a los ideales.
Lugo fue puesto en un inalcanzable altar por los encuestados, y eso fue suficiente para que el ex obispo decida no bajar del trono. Con su escasa experiencia en la política no logró retener a muchos aliados.
Allí está Fadul, que enojado por el desplante tuvo que lanzar su candidatura presidencial. ¿Quién es el culpable de este cisma? Ambos se dicen inocentes.
MUCHAS IDEAS, POCOS VOTOS. El Bloque Social y Popular, que aglutina a la izquierda alrededor de Lugo, también está viviendo un parto doloroso. Da palos de ahogado ante la desesperación de quedar fuera de las listas parlamentarias. Saben que será imposible si no están a la sombra del ex obispo. Los dirigentes de estos sectores saben hacer diagnósticos, pero hasta ahora no aprendieron a cosechar votos. Y allí está el secreto del PLRA y la razón por la que Lugo prioriza su pacto con este partido, que al principio le causaba alergia.
LUGO, OVIEDO, FADUL. Cada uno por su lado. Juntos eran dinamita, según las encuestas. Pero mirándolos, sabemos que es imposible que ninguno será segundo.
Apenas Lugo entró a la escena política, preanunciábamos que la Concertación terminaría hecha trizas con el duro golpe de la realidad.
La ANR, que siempre navega en el lado oscuro del poder, conocía de antemano este final. Por ello disfruta al ver pasar el cadáver de su enemigo. Y eso que aún le falta asestar el letal disparo inhabilitando a Lugo.
A LA DERIVA. Aunque las aguas van tomando su cauce y cada uno su camino, la Alianza Patriótica tiene pendientes muchos capítulos de su proceso. Está claro que Lugo es el candidato y que un liberal será su vice.
Sin embargo, en el PLRA no hay juego limpio. Siguen las peleas caseras entre Federico Franco y Blas Llano, cuyo candidato es Carlos Mateo Balmelli.
Sin dudas, Llano aprovecha su investidura de presidente de los liberales para inclinar la balanza hacia su elegido.
Lugo está tomando demasiada distancia de este pleito. No puede desentenderse de la interna liberal. Fue un contrasentido que en el acto de presentación de la alianza no hablen los candidatos a vicepresidente.
Para colmo, generó malestar en el PLRA su ponencia en Ecuador, donde dio rienda suelta a sus demonios y se animó a mostrar ese rostro socialista al que aquí esconde detrás de una difusa máscara.
En la Alianza la ideología es un tema tabú. No es fácil congeniar posiciones tan extremas. Por eso, Blas Llano prefiere el camino del pragmatismo al debate ideológico. Sabe que si entran en este berenjenal, no saldrán ilesos.
Sin embargo, el escenario electoral exigirá mínimas posiciones. Allí está Fadul con un discurso que seduce a la derecha conservadora (que no necesariamente son los ricos).
Allí está Oviedo, que lleva al éxtasis el populismo.
Allí está Nicanor, que le dio un “giro” a la doctrina colorada que ahora ostenta el “socialismo humanista” para ponerse a tono a los vientos del sur.
Como verán, las elecciones del 2008 prometen algo más que división opositora y la consabida candidatura del Partido Colorado.
La alianza (lo que queda de ella) sigue sin concretarse. Mientras los colorados, aunque divididos, ya piensan en cómo reagruparse después de sus internas para proyectarse hacia una nueva victoria.
Por Estela Ruiz Díaz