17 feb. 2026

CULTURA DE LA MUERTE

La Eutanasia

Del mismo modo que antaño -cfr. Antonio Cruz, Bioética Cristiana, p. 347- el sexo y todo lo relacionado con la sexualidad se llegó a considerar como algo indecente que pertenecía a los bajos instintos humanos y que debía ocultarse, hoy ocurre algo parecido con la muerte. Hablar de la muerte resulta de mal gusto.

En la época del confort tecnológico y del bienestar, la muerte viene a recordarnos la finitud de nuestro ser y el fracaso de la toda poderosa medicina. Así las cosas, en muchas ocasiones, es como si interesara más ayudar a matar que a vivir mejor.

“Como diría el profesor Blázquez: “Mal está que se acuchille los toros después de las corridas, pero no parece mal, el que se “acuchille” a un enfermo en su lecho del dolor dándole una bebida letal de morfina. ¿Sinceridad o cinismo? ¿Buena fe o degeneración humana?”

Se lee en “Bioética Cristiana de Antonio Cruz, pág. 340" que el filósofo alemá Friedrich Nietzsche, reclamó en numerosas ocasiones la eutanasia eugenésica para que fuera aplicada a los “parásitos” de la sociedad, a los enfermos que “vegetan sin porvenir”, a los niños subnormales, enfermos mentales y demás incurables.

Lo paradójico de tales ideas es que a pesar de la propaganda a favor del suicidio que Nietzsche hizo durante toda su vida, cuando contrajo la dolorosa enfermedad que le llevó a su muerte, no fue consecuente y no se suicidó.

Si el ser humano es solamente alguien más desarrollado que animal irracional, entonces no hay mucha diferencia entre sacrificar un perro con moquillo, un gato con leucemia, un niño con deficiencia mental o un anciano con enfermedad de Alzheimer. Y nada digamos de las mil maneras de eliminar al ser humano, desde masacre de embriones, abortos, torturas y pena de muerte, etc.

La filosofía de la muerte indolora - eutanasia - va contra el juramento hipocrático que defiende la vida y choca, además, contra los principios básicos de la medicina cuya tarea es promover la salud del individuo y no su prematura muerte.

Por consiguiente, la eutanasia no es una forma de medicina, sino más bien de homicidio, aunque se lo endulce con tiernos eufemismos. No vale eso de matar al enfermo terminal por compasión, es decir, para que no “sufra demasiado”. Tampoco vale el argumento a favor de la eutanasia como “muerte digna”. Una persona no pierde su dignidad por sufrir.

Per, ¿es digno matar porque el enfermo lo solicita? ¿Está totalmente lúcido quien pide su muerte? O, ¿Podría ser la influencia familiar que lleve a solicitar al enfermo que lo maten?

No es lo mismo ayudar a morir dignamente y con todos los cuidados y acompañamientos al enfermo, que matarlo.

Sé que en el tema soy totalmente ignorante, pero me cuesta concebir la idea de ponerme en el lugar de Dios y decidir sobre la vida o muerte de un semejante. He pasado una terrible experiencia con un familiar muy cercano, y en esos angustiantes momentos, no es fácil discernir correctamente.

Sin embargo, antes de condenar a la muerte al semejante, pienso que en primer lugar ha de ser tratado como persona hasta el fin de su vida. Que se le apliquen los métodos necesarios para combatir el dolor. Que reciba respuestas adecuadas y honestas a sus preguntas de profesionales capaces. Recibir el consuelo de la familia y amigos que desee que le acompañen en el proceso de su enfermedad. Mantener su fe en el Creador y morir en paz y dignidad, si ese es el final del camino.

Con esta recomendación de A. Cruz, p 353, culmino este parecer, que revive en mí, momentos muy difíciles para la toma de decisiones, la corta pero intensa como angustiosa enfermedad de Juan Carlos, no hace demasiado tiempo. Doy gracias a Dios por no optar en esa ocasión, por la cultura de la muerte, es decir, por la eutanasia. Sí, por la cultura de la vida.

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