El lunes, desde y a través de las radios, se canalizó mucho desprecio hacia los conciudadanos que salieron a las calles a manifestarse en contra de la cantada aprobación de la ley de alianza público-privada (APP) que, objetivamente, otorga la llave, no de la ciudad, sino del país al presidente de la República.
Hubo conductores de radio que cuestionaban por qué los que se estaban movilizando en ese momento, no lo habían hecho en otra época contra la corrupción que permea los entes públicos, de la que consideraban cómplices a los sindicalistas. ¿Es la esencia del tema?
Hubo líderes de opinión que redujeron la acción ciudadana del lunes satanizando a quienes la emprendieron con el rótulo de ideologizados. Como si la propuesta del Ejecutivo no respondiera también a una ideología.
La mayor parte de la cobertura de prensa se centró en los inconvenientes que provocaron las marchas y movilizaciones en distintos puntos del país, antes que en conocer los puntos de vista, temores, observaciones y críticas que tiene la gente hacia la ley que permitirá la APP. Después de todo es un instrumento que define nada menos que un modelo de Estado, sobre cuyo fracaso abundan ejemplos en el vecindario.
Así es natural que genere incertidumbre y hasta desesperanza en los sectores de este país que no pertenecen al empresariado, los industriales, terratenientes ni a algunos de los poderes fácticos que históricamente deciden sobre la mayoría. Entonces, ¿qué esperaban los que, pese a haberse anunciado con antelación que habría manifestaciones el lunes, se empeñaron en no buscar itinerarios alternativos y no ver más allá del atasco?
Las protestas cobrarían otras dimensiones frente a cambios estructurales que, en torno a los cuales hay más dudas que certezas, si se tratara de una democracia un tanto más consistente que la paraguaya.
Pero esto ocurre cuando hay calidad informativa, que se traduce en ciudadanos bien informados. Sociedades donde tanto un agricultor hasta el PHD en Medicina comprenden –porque se les explica desde todos los ángulos, protagonistas y antagonistas– el alcance y las entrelíneas de los temas complejos de Estado.
En este sentido, el Parlamento, las universidades, el periodismo, las organizaciones ciudadanas, el movimiento de los trabajadores, etc., deben realizar una autocrítica, ya que en cuanto a la APP, actuaron como espectadores fascinados. Por eso, también tanta tirria hacia los que salieron a las calles.