07 abr. 2026

Cuba y Estados Unidos

Por Guido Rodríguez Alcalá

Thomas Jefferson quiso comprar Cuba para incorporarla a los Estados Unidos. Fue el primero, pero no el único partidario de la anexión, y por eso la independencia de Cuba no contó con el apoyo de los Estados Unidos, enemigo de que Simón Bolívar y Agustín de Iturbide trataran de emanciparla.

En 1854, el presidente Pierce advirtió a España: o le vendía la isla o la conquistaba. La tentativa fracasó porque la amenaza secreta se publicó en diarios norteamericanos y provocó una fuerte reacción en contra.

En 1898, cuando los revolucionarios cubanos estaban a un paso de vencer, el presidente McKinley intervino; no para ayudar a los patriotas, sino para obtener una fácil victoria y ocupar las posesiones españolas de Cuba, Puerto Rico, las Filipinas y Guam. El ejército de ocupación se retiró en 1902, después de incorporar a la Constitución cubana la Enmienda Platt, que autorizaba a los Estados Unidos a dirigir la economía del país y a ocuparlo militarmente según su criterio.

La Enmienda Platt casi estaba de más porque, en 1904, el presidente Roosevelt (Theodore) proclamó el Corolario Roosevelt, que autorizaba a los Estados Unidos a intervenir militarmente en los países latinoamericanos.

O por la Enmienda, o por el Corolario, Cuba fue ocupada en 1906-12, intervenida en 1912, ocupada de nuevo en 1917-22.

En 1933 llegó a la presidencia Roosevelt (Franklin), quien prometió no invadir más, pero ese mismo año los cubanos tumbaron al dictador Machado y el sucesor, el presidente Grau, abolió la Enmienda Platt.

Roosevelt cumplió su promesa: los marines no desembarcaron, aunque la presencia de la flota yanqui frente a la isla derrocó a Grau.

De todos modos, fue un gran paso adelante; pudo serlo, porque Fulgencio Batista surgió como el nuevo hombre fuerte, sea ocupando la presidencia, sea manejando la política entre bambalinas.

El 22 de diciembre de 1946 hubo una conferencia internacional de empresarios en La Habana (véase El Padrino II). Podríamos llamarles gánsteres, porque el organizador fue el mafioso Lucky Luciano. Otra celebridad presente fue Meyer Lansky. Lansky, estrecho colaborador de Al Capone, tuvo más suerte que su socio: nunca lo llevaron preso, aunque montó un sistema internacional de lavado de dinero que hasta el día de hoy ha tenido funestas consecuencias.

La cohabitación de empresarios, políticos y delincuentes en Cuba y el Caribe consolidó el poder de los Batista, Trujillo, Duvalier y otros déspotas.

Poco después del triunfo de la revolución en 1959, Fidel Castro viajó a los Estados Unidos.

El presidente Eisenhower se negó a recibirlo, el vicepresidente Nixon escribió en un memorándum confidencial: Ese hombre debe ser asesinado.

Los atentados fallaron, como los actos terroristas y el embargo.

Obama ha tenido la inteligencia de reiniciar las relaciones con Cuba, que ahora tiene la posibilidad de establecer relaciones bilaterales, y no de subordinación, con su poderoso vecino.

Tiene también la posibilidad y la necesidad de democratizarse, una opción permitida, en gran parte, por la eficaz mediación de Francisco.