La longitud de 57 kilómetros de esta obra faraónica, situada en pleno corazón de Europa, ha conseguido desbancar al túnel de Seikan (Japón), con 54 kilómetros, como el más largo del mundo.
Aunque su apertura al tránsito no tendrá lugar, presumiblemente, hasta finales de 2017, el viernes es un día clave para los ingenieros, mineros y obreros que han trabajado en su horadación, iniciada hace casi veinte años y reanudada a finales de los noventa después de su aprobación en un referéndum popular.
El túnel de San Gotardo, llamado así en honor de ese santo protector de los pasos de montaña, no sólo será emblemático por batir un récord de longitud, sino que servirá para sustituir la carretera por la vía de ferrocarril en el transporte de mercancías a través de este enclave estratégico.
Situado entre los cantones de Tesino (parte más meridional de Suiza) y Uri (un poco más al norte), esta nueva ruta permitirá que los trenes puedan alcanzar los 250 kilómetros por hora y reducirá la duración del viaje entre Zúrich y Milán de 3 horas y 40 minutos a 2 horas y 40 minutos.
De su instalación se beneficiarán directamente 20 millones de habitantes del sur de Alemania, Suiza y el norte de Italia, un trayecto que busca proteger el medio ambiente y evitar el paso rutinario de camiones por los idílicos paisajes suizos.
La proeza de construir un túnel tan largo a los pies de montañas de más de 3.000 metros ha entrañado varios retos, entre ellos vencer la presión, las altas temperaturas y la extracción de alrededor de 24 millones de toneladas de roca.
Para conseguir que un tren pase por el túnel en 15 minutos, cientos de mineros y obreros han trabajado durante años en su perforación, una sacrificada labor para la que los geólogos han respetado las formaciones naturales como material.
Este coloso de la ingeniería helvética se remonta a 1882, cuando 15 kilómetros de galería acercaron Suiza, Italia y Alemania, una hazaña que se cobró más de doscientas vidas y que, más de un siglo después, ha dado pie a la construcción del túnel más largo del mundo en pleno corazón del viejo continente.
Paradigma de la infraestructura ferroviaria, Suiza no ha escatimado en fondos para su construcción, y su colosal presupuesto, que asciende a 17.000 millones de francos (13.000 millones de euros), ha suscitado algunas críticas entre su población, que opina que esta inversión ha dejado estancados otros proyectos locales.
Así, la revista helvética “Bilan” denunciaba que la nueva ruta proporcionará más beneficios a la UE, gracias a su enclave estratégico de conexión del este y el oeste de Europa, que los que reportará a Suiza.
A pesar de estas críticas, la perforación final del túnel será celebrada en Suiza por todo lo alto y retransmitida en directo por la televisión local, un paso que hará más visible la apertura, dentro de siete años, de su tránsito a todo tipo de trenes.