14 feb. 2026

Comer compulsivamente, un trastorno que gusta del anonimato

El trastorno por atracón, que consiste en la incapacidad de controlar la ingesta de comida, lleva a comportamientos impulsivos. Los que lo padecen suelen incurrir en el anonimato asistiendo a sesiones de auto ayuda antes que ir con un experto.

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Comer compulsivamente en México, un trastorno que gusta del anonimato. Foto: vix.

EFE


“La comida era mi compañía, mi alivio”, “Saqueo mi refrigerador”, “Veo que traigo disposición a la glotonería” o “Escondí toda la comida para comérmela yo”, son algunas de las confesiones que se escuchan en la asociación Comedores Compulsivos Anónimos (CCA) de México.

La coordinadora del Área de Investigación en Trastorno de la Conducta del Hospital Ángeles, Ivonne de la Vega, explica que las personas que sufren el trastorno “no saben identificar sus sentimientos”, algo que en términos de psicología se conoce como alexitimia.

Esto les lleva a cubrir esta carencia con comida, llevándose a la boca lo primero que tienen a mano.

De la Vega reconoce que “no es tan sencillo para estas personas presentarse con el psicólogo, ya que hay un sentimiento de vergüenza”. Eso les lleva a acudir a grupos donde pueden salvaguardar su identidad y conocer a personas como ellos.

Julieta, una mujer con sobrepeso que ronda los 50 años, habla de su necesidad de “vivir para los demás” y cómo eso le acabó generando trastornos alimenticios.

Cuando acudió a un médico por un problema de bulimia de su hija, Julieta quedó perpleja cuando éste le “abrió los ojos” al preguntarle cómo se sentía ella.

El doctor les recomendó un psiquiatra, pero al enterarse de la existencia de grupos de auto ayuda optaron por acudir a la asociación.

Allí Julieta descubrió emociones reprimidas durante años que habían derivado en trastornos alimenticios. Durante las sesiones, relató su relación con sus padres y los castigos a los que la sometían por comer.

Cayó presa de la anorexia “para darles gusto”. “Casi no comía, no desayunaba y tampoco cenaba. Así no engordaba”, recuerda.

“Después pasé a la bulimia porque no podía frenar con fuerza de voluntad mi apetito”, explica, llegando a la conclusión de que todo formaba parte de lo mismo: necesidad de agradar a los demás.

“Los sábados y domingos me refugiaba en la comida, en los excesos”, detalla Julieta, quien rehuyó de ir a un psicólogo, ya que “no iba a comprender ese área tan íntima”.

“La diferencia de estar en un grupo es que los que estamos nos identificamos”, expresa.

Otra de las asistentes, Isabel, de pelo corto y tez blanquecina -que cuando llegó a la asociación “pesaba más de cien kilos"-, expresa a Efe que los vacíos emocionales “los cubría con comida”.

Cuando llegó CCA, cuenta que “estaba desquiciada”, presentaba crisis nerviosas y padecía de neurosis que la bloqueaban, llegando a sentir que “iba a ir a un manicomio o a la cárcel” por su trastorno.

Explica que cuando comía de manera compulsiva la invadía la culpa y “estallaba” iracunda, se enfadaba por todo, pero conocer a otras personas con su mismo problema no solo la tranquilizó, sino que pudo bajar de peso “gracias a un plan de alimentos”.

“Fue tan hermoso llegar a un grupo y saber que había personas como yo, comedores compulsivos”, afirma al recordar que durante los primeros meses fue difícil acatar las normas de CCA.

El trastorno por atracón lleva en ocasiones a una conducta vergonzosa, dado el comportamiento impulsivo de los que lo sufren.

Así lo reconoce a Efe Óscar, un hombre de edad avanzada que llegó a tener conductas antisociales que le hacían aislarse de la gente.

“Prefería no convivir con las personas, prefería vivir aislado. A lo mejor nadie me criticaba, pero me criticaba yo mismo”, asegura.

Óscar recuerda que en una ocasión, sentado en una mesa con mucha gente, llegó a “esconder la comida” para él. “La dueña preguntó por los tamales y yo fui el primero que dije no he sido yo”, reconoce avergonzado por sus mentiras.

Cuando llegó a la asociación, le ofrecieron ayuda basada en tres pilares fundamentales: “medicina, psiquiatría y religión”.

“Las herramientas que me ofrecen son básicamente los legados que vienen de Alcohólicos Anónimos, que son la recuperación, la catarsis, unidad y servicio”, explica.

Las personas que acuden a la asociación, pese a recalcar que no tienen ninguna rivalidad con la opiniones médicas, encuentran un alivio en el entendimiento con otras personas que también esconden su identidad para desatar sus emociones más ocultas.

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