Las aulas de la Escuela Nº 1.881 República Árabe Siria, que a la noche funciona como Colegio Nacional San Rafael, por ahora solo exhiben basura y ni una silla en condiciones de ser usada al inicio de las clases.
El año pasado, la institución educativa que funciona en San Lorenzo tuvo alrededor de 190 alumnos en el turno noche.
Para completar la cantidad de sillas faltantes se echó mano de las que se usan en la secretaría y biblioteca.
La situación resulta acuciante este inicio de año, ya que se estima que faltan al menos 100 unidades, que la dirección del colegio no consigue por ningún lado. Además, se tienen que reparar o reponer las existentes.
La infraestructura escolar también denota la desatención estatal: goteras en el techo, paredes sucias, fisuradas y corroídas por la humedad, ventanales con vidrios rotos o cubiertos con chapas oxidadas. Algunas aulas están sin puertas y otras tienen los equipos de fluorescentes colgados del techo con finos cabos o alambres y varios ventiladores no funcionan.
La dirección del colegio ya recurrió al Ministerio de Educación, a la Gobernación y ahora tienta suerte con universidades privadas pidiendo la provisión de sillas y mobiliario. De ninguna instancia recibió respuesta, por lo que volverá a insistir con los pedidos.
LIMPIEZA. Además de las paredes descascaradas y llenas de escritos, en un rincón del patio escolar se encuentra acumulada una gran cantidad de basura, que, a juzgar por el contenido, cajas de leche de la merienda escolar, se trata de residuos que permanecen en el lugar desde el año pasado.
La vereda que da sobre la calle Tayi exhibe malezas que, según los vecinos, son criaderos de alimañas que representan peligro para los estudiantes.
La encargada de la escuela asegura que está en el local hace un mes y que no puede tirar la basura acumulada por falta de bolsas.
La madre de un alumno indicó que la mayoría de los estudiantes del turno noche son jóvenes que trabajan, y aunque la mayor parte de la actividad que desarrollan es informal, ayudan con el sostenimiento de la familia y de sus propios estudios.
Asegura también que los profesores compran las tizas que usan para desarrollar sus clases.
En este colegio nocturno los estudiantes no acceden a clases de informática por falta de infraestructura, pero los padres sueñan con que sus hijos tengan la oportunidad de aprender computación, a fin de que tengan mejores posibilidades laborales al terminar la secundaria.