10 abr. 2026

Cartes debería ser notificado

Por Alfredo Boccia Paz galiboc@tigo.com.py

Puede que sea una protesta más. Hubo tantas en los últimos tiempos que es difícil adivinar cuál de ellas languidecerá y cuál se convertirá en incontenible furia ciudadana. Si esta distinción fuera fácil, aquellos 23 senadores no hubieran cometido ese error tan doloroso. Pero creo que a esta protesta hay que prestarle atención. El enojo de la gente contra la suba del pasaje tiene todos los ingredientes como para convertirse en un volcán.

En primer lugar, a los que protestan no les falta razón. Es una pulseada entre la bronca ciudadana y los carteles del transporte. Los empresarios de este rubro han hecho méritos durante décadas para granjearse el resquemor popular. Ni hace falta explicar los motivos. Salvo algunos intendentes, concejales, parlamentarios y jueces comprados por la mafia del transporte, nadie los va a defender.

En segundo lugar, la protesta actúa sobre un sustrato social favorable. Hay un malestar colectivo, hay una prensa que denuncia desde hace años ese estado de horrendum transportatio y, sobre todo, hay grupos sociales ansiosos por probar su poder de convocatoria. El aumento del pasaje puede ser el detonante de esa materia dispuesta.

Tercero: hay síntomas reveladores del mal humor social. Las manifestaciones, por ahora pequeñas, vienen ocurriendo desde hace días y no decaen. Por el contrario, cada vez tienen más gente. ¿Recuerda usted otro enero con manifestaciones callejeras? Enero es mes de vacaciones, de colegios y universidades cerradas, de un calor tenebroso, de inactividad política. Si en tan mala época la gente se autoconvoca, imagínese lo que podría ser en unas semanas más.

En cuarto lugar, el sujeto de la protesta es muy amplio e incluyente. Es el usuario del transporte indignado con el maltrato. No es un sujeto limitado a una clase, a un partido o a una franja etaria. Están todos enojados y eso incluye a la clase media. Ojo con ella. Es pequeña, conservadora y temerosa, pero cuando algo la conmueve es capaz de amplificar los gritos de protesta a auditorios inalcanzables para la vanguardia activista. Recordemos que los carteles que prohibían la entrada de senadores en bares y restaurantes tuvieron una difusión mundial, algo que las marchas por sí solas nunca lograrían. No pierdo de vista que la burguesía jamás se movería si antes no hubieran ocurrido las concentraciones callejeras. Pues bien, el costo del pasaje conmueve a la clase media.

Por último, o Cartes hace algo o quedará pegado a esta protesta. Que el problema del transporte es heredado, que el Parlamento retiró el subsidio, que se está sincerando la situación, serán excusas inservibles cuando los gritos aumenten de tono. Los cánticos de la calle recordarán que Cartes castigó a los pobres con el aumento del pasaje y a la clase media con el seguro obligatorio para accidentes, mientras premiaba a los sojeros eximiéndoles de impuestos. Sí, alguien debería advertirle. Esta protesta puede ser diferente.