“Trabajar por el bien común, el bien de todos y no por los propios intereses mezquinos”, exhortó el cardenal Adalberto Martínez Flores, arzobispo de Asunción, al iniciar el 2026 durante la primera misa del año celebrada en la Catedral Metropolitana.
Ayer, en la homilía, señaló el Año del Bien Común convocado por la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP) como un llamado a construir una sociedad centrada en los más desfavorecidos, con gestos concretos de solidaridad, justicia y compromiso ciudadano, exhortando a los fieles a construir una patria distinta desde lo cotidiano.
‘‘Reconocemos con gratitud que hemos nacido en esta patria, el Paraguay, y no por casualidad, sino también hemos nacido por una llamada de Dios, que ha querido, y que seremos parte de esta sociedad. Hemos sido puestos en esta tierra para trabajar unidos y construyendo un país verdaderamente libre de esclavitudes antiguas, nuevas, libre de corrupción, de violencia, de toda forma, de exclusión, que hiere la dignidad humana’’.
La construcción de la patria –dijo– comienza con la transformación personal, ya que un cambio en el corazón individual es fundamental para aspirar a un cambio colectivo. La patria se edifica a partir de gestos cotidianos de solidaridad que moldean la vida social, convergiendo hacia el anhelo de una patria ideal.
Además, el purpurado invitó a comenzar el nuevo año desde una actitud espiritual. “No empecemos este año desde el ruido, sino desde el silencio fecundo que se nos ofrece en esta celebración”, dijo, al destacar que iniciar el año bajo la bendición de Dios implica reconocer que “la vida es un don” y que cada día debe vivirse con gratitud.
En ese contexto, recordó que el 1 de enero se celebra la Jornada Mundial de la Paz y llamó a orar y trabajar por ella. “Hoy también ofrecemos y rezamos por la paz en el mundo”, expresó, al señalar que Jesús es el “príncipe de la paz” y que los conflictos, las violencias y las guerras siguen siendo nudos que hieren gravemente al cuerpo social.
Pobres. El primado de la Iglesia Católica paraguaya puso énfasis en las periferias y en las realidades de mayor vulnerabilidad, recordando la celebración realizada el miércoles 31 de enero en Cristo Solidario.
Señaló que incluso en contextos de pobreza extrema “tampoco falta la alegría al compartir ese gran regalo que el Señor nos da”, resaltando la necesidad de no ser indiferentes ante las múltiples carencias que viven muchas familias.
Martínez instó a hacer un examen personal y comunitario al inicio del año, reconociendo también “cómo hemos vivido: Cómo hemos amado, cómo hemos servido, cómo hemos respondido a la gracia de Dios”, sostuvo, al animar a revisar cómo se invierten los talentos recibidos y a proyectar la vida con “sabiduría del corazón”.
En su mensaje, pidió una fe coherente y comprometida, ya que “nuestro credo no debe ser una fórmula vacía, debe ser una adhesión personal a Cristo”. Insistió en que la fe debe expresarse en decisiones concretas y en un servicio real a la comunidad, especialmente a los más frágiles.
También elevó un fuerte llamado a la defensa de la vida y la dignidad humana. “Toda vida humana es un don de Dios y esperanza viva en el mundo”, sostuvo, al pedir especial cuidado por los niños, las familias que atraviesan dificultades y los más vulnerables, incluso antes del nacimiento.
‘‘Pedimos que los niños puedan habitar hogares seguros, hogares que cuidan, que abracen, que respeten a las familias y que ayuden, y que ayudemos la dignidad de cada persona’’.
2026 es momento para asumir esas resoluciones espirituales concretas que tenemos y que no sean promesas vacías.
Pedimos que los niños puedan habitar hogares seguros, hogares que cuidan, que abracen, que respeten a familias. Adalberto Martínez, arzobispo de Asunción.