07 abr. 2026

Caradura multinacional

Sobre esto y aquello

Francia prohibió por ley el fracking. Este consiste en inyectar, a elevada presión, arena, agua y productos químicos en las rocas que tienen hidrocarburos: petróleo y gas.

Las empresas dicen que el procedimiento es seguro; existen experiencias en sentido contrario.

En varias localidades de los Estados Unidos donde había fracking, el agua salía sucia o acompañada de gas metano.

Por eso, al acercar un fósforo encendido a la canilla, el metano ardía (se lo puede ver en internet).

La confianza es buena, pero el control es mejor. Por eso Francia, por ley del 13 de julio de 2011, prohibió el fracking en su territorio.

Una firma norteamericana dedicada al fracking llamada Schuepbach llevó el asunto a los tribunales, pidiendo la inconstitucionalidad de la ley.

Los tribunales declararon que la ley es constitucional. La firma dice que va a seguir peleando para conseguir el permiso.

Usando el sentido común, nos decimos: si a la empresa no le gusta la ley francesa, que se vaya a otro país. El sentido común es el menos común de los sentidos.

A nivel internacional, la onda predominante es que las multinacionales piden y consiguen lo que quieren. Esta es una crítica contra el acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea.

En medio del mayor secreto (según los críticos), las empresas multinacionales quieren cambiar las leyes nacionales a su gusto y conveniencia.

No sé cómo andarán las negociaciones USA/UE, pero recuerdo el ALCA, esa tentativa de crear un bloque comercial en América, con negociaciones secretas, para convertir en ley un proyecto elaborado por multinacionales.

Por supuesto, el capital pedía todas las garantías; para la ciudadanía, nada.

Por suerte, los conciliábulos a puerta cerrada provocaron molestia y el ALCA fracasó en el 2005. No ha fracasado el intento de meterlo por la ventana; si no entero, por lo menos en parte.

Hace algún tiempo, el presidente de la Cámara de Diputados dijo que estaba a favor de un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Cuando un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el pozo. El ciego se lastima más cuando lo guía un vivo.

Y esto a propósito de la APP (Alianza Público Privada). Supuestamente, si a las empresas no se les da todo lo que quieren, no van a venir al país.

Tengo mis serias dudas. Sin APP, las inversiones extranjeras aumentaron enormemente entre los años 2000 y 2012; en ese tiempo, la ganancia de las empresas pasó del 7% al 23% (publicación de varios medios del 19-10-13).

Sin ser economista, me pregunto lo siguiente: si ganan el 23% sin APP, ¿cuánto quieren ganar con APP? ¿El 46%? El 23% ya es exagerado, y muchos compatriotas se contentarían con ganar un poco más del 0%.

Porque el hecho es este: desde los comercios de la calle Pettirossi hasta las empresas nacionales grandes, todos se quejan del paro comercial. Todos estamos de acuerdo con que las estadísticas son muy buenas: crecimiento del PIB, crecimiento de las inversiones, etcétera.

Lo que no entusiasma es cómo se reparte eso, y no hay garantía de mejor repartición.

Las diferencias aumentan cuando llegan los capitales especulativos, que sobrevuelan el país en espera de la APP.