La categoría filosófica más importante en Camus es la del absurdo, es decir, “la confrontación entre el sentimiento de lo irracional y el avasallador anhelo de claridad que resuena en las profundidades del hombre”. Es una inútil búsqueda de sentido en un mundo sin propósito, y esto es experimentado en una sensación de permanente desubicación y falta de pertenencia. Camus plantea la posibilidad de una existencia auténtica que asume y se compromete con esta idea fundamental. Descalifica al suicidio como una manera de enfrentar el absurdo (ausencia de un sentido totalizador); al contrario, lo primero muestra la incomprensión de lo segundo. La vida consiste en “mantener vivo el absurdo, y para eso, básicamente, hay que observarlo”. Hay que vivir en esta contradicción y divorcio definitivo. En una falta total de esperanza, un rechazo permanente y una insatisfacción consciente. Expliquemos. La falta de esperanza, por ejemplo, libera al hombre absurdo de toda ilusión acerca del futuro (nihilismo positivo), y entonces es capaz de vivir su aventura dentro de los límites de su tiempo de vida. Por un lado la muerte y por otro la libertad suprema.
Con el fin de describir los actos del hombre absurdo, Camus despliega varios modelos extraídos de la mitología griega, de la filosofía y la literatura. Aquí analizaremos los ejemplos clásicos.
Sísifo: Figura mítica caracterizada por su desprecio a los dioses, su odio a la muerte y su pasión por la vida. Es condenado por los dioses a hacer rodar una roca interminablemente hasta la cima de una colina, desde donde la roca vuelve a caer y debe ser alzada nuevamente. A Camus le interesa el momento de la pausa, cuando regresa a la base de la colina, pues en él se inicia la conciencia de su destino y, por ende, su aceptación. No imagina mayor tortura para Sísifo que la esperanza de triunfar; su fuerza radica precisamente en saber, comprender y entender que su esfuerzo es inútil. Pero él elige proseguir con la tortura que se le ha impuesto. Entonces es el amo de su destino. La ausencia de cualquier fuerza rectora en el universo se convierte así en un factor positivo.
Edipo: Obedece primero al destino sin saberlo, desposa a su madre y asesina a su padre, pero su tragedia comienza en el momento en que sabe. Pero en el mismo instante, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que lo une al mundo es la mano de una muchacha. Entonces suena una frase: “A pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien”. En esta frase final “todo está bien” resuenan el universo feroz y limitado del hombre. Enseña que todo no es ni ha sido agotado. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres. Sísifo también juzga que todo está bien. Este universo, en adelante sin amo, no le parece estéril ni fútil. Imaginarnos a Sísifo feliz.
La filosofía, para Camus, debe ser capaz de equilibrar nuestro deseo de comprender y nuestra nostalgia por lo absoluto. Es inútil negar totalmente la razón. Tiene su lugar donde es eficaz. Ese orden es, precisamente, el de la experiencia humana. De ahí que queramos aclararlo todo. Si no podemos hacerlo, es porque lo absurdo nace en ese instante, justamente en el encuentro de esta razón eficaz, pero limitada, y de lo irracional que renace siempre. El hombre absurdo reconoce esta lucha, no desprecia la razón y admite lo irracional. Alcanza con su mirada los datos de la experiencia y está poco dispuesto al saltar antes de saber. Solamente es consciente de que ya no existe lugar para la esperanza.
Con el fin de describir los actos del hombre absurdo, Camus despliega modelos extraídos de la mitología griega, de la filosofía y la literatura.
Manuel Mosteiro Silva
Licenciado en Filosofía manuelmarcelo@hotmail.com
Filosofía