Por razones de seguridad, “Chupeta” fue trasladado a la madrugada desde la prisión de Campo Grande, en el estado de Mato Grosso do Sul, hasta el aeropuerto local, desde donde fue enviado hacia la ciudad amazónica de Manaus, según explicaron a Efe fuentes del Ministerio de Justicia.
El narcotraficante colombiano Juan Carlos Ramírez Abadía, alias “Chupeta”, fue extraditado por Brasil hacia EE.UU., en una operación realizada casi en secreto. EFE | Ampliar imagen
En el corazón de la Amazonía brasileña fue entregado a oficiales de la justicia estadounidense, que a las 09.30 hora local (12.30 GMT) partieron con el capo en un vuelo privado hacia Nueva York, donde “Chupeta” será procesado por, al menos, quince asesinatos, tráfico internacional de drogas y delitos financieros.
Aunque por los cargos que enfrenta podría ser condenado a muerte, la pena no podrá pasar de 30 años de reclusión, que es el máximo que contemplan las leyes brasileñas.
El Supremo Tribunal de Brasil aprobó su extradición en marzo pasado pero, por la lentitud de los trámites burocráticos la entrega se postergó hasta hace quince días, cuando el Ministerio de Justicia decidió darle carácter de “urgencia” al asunto.
Las autoridades brasileñas descubrieron que Ramírez Abadía había hecho nuevos compinches, como el capo brasileño Luiz Fernando da Costa “Fernandinho Beira-Mar”, con quien tramaba planes de fuga.
Esos planes, según fuentes oficiales, incluían acciones de gran osadía, como el posible secuestro de personalidades, para usarlas como moneda de trueque, entre las que llegaron a figurar un hijo del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
La policía se enteró que, en esos planes, los dos capos contaban con las redes locales que mantiene activas “Beira-Mar”, con la complicidad de la ex mujer de Ramírez Abadía, Ivana Pereira de Sá, y con el abogado Vladimir Búlgaro, quienes fueron detenidos.
Aunque no está claro el límite entre realidad y leyenda, a este narcotraficante de 45 años y graduado en economía se le atribuyen al menos 350 asesinatos, entre ellos los de 35 miembros de la familia de Víctor Patiño Fómeque, otro capo de las drogas que intentó disputarle poder.
La fortuna de Chupeta fue calculada por la Policía Federal brasileña en 1.800 millones de dólares, que incluían 55 millones de dólares, en parte en barras de oro, incautados el año pasado en Cali, donde el capo empezó en el narcotráfico a mediados de los años 90.
En Brasil poseía mansiones, haciendas, yates, aviones y carísimos automóviles, que fueron ofrecidos en diferentes subastas y en las que se recaudaron cerca de 40 millones de dólares, ingresados luego a los cofres públicos.
En esos remates, que atrajeron a miles de personas, llegaron a salir a la venta hasta sus objetos más íntimos y personales, como sus calzoncillos y muñecas de la tierna gata de historietas japonesa “Hello Kitty”, que coleccionaba desde hace años.
También fue vendido el velero en el que llegó hace cuatro años con cuatro millones de dólares en efectivo a las costas del estado brasileño de Ceará, al nordeste.
Cuando fue detenido, el 7 de agosto del 2007, “Chupeta” tenía el rostro desfigurado por cuatro cirugías plásticas, no opuso resistencia y hasta ofreció colaborar con la justicia a cambio de ser extraditado a Estados Unidos, que ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares por su captura.
Según dijo entonces uno de sus abogados, Luiz Gustavo Battaglín, Ramírez Abadía prefería ser entregado a la justicia estadounidense, porque en las cárceles de Brasil “hay muchas restricciones” para “la alimentación, las visitas y hasta el tipo de lectura”.
La entrega e “Chupeta” a Estados Unidos pone punto final a la actividad de uno de los narcotraficantes más poderosos, que es equiparado con Pablo Escobar Gaviria, jefe máximo del Cartel de Medellín y abatido en 1993, o de Gilberto Rodríguez Orejuela, uno de los jefes supremos del Cartel de Cali, extraditado por Colombia a Estados Unidos en el 2004.