Mario de Jesús Gaona Martínez forma parte de la primera camada de agentes pastorales dedicados a bendecir objetos de piedad y reliquias de oración, afuera del Templo Menor de la Basílica de Caacupé, que lleva el nombre de capilla San Roque González de Santa Cruz.
“Ministro de la Comunión yo soy”, interrumpe cuando escucha que le llaman ‘padre’. Es que los fieles piensan que es un sacerdote el que está dando la bendición detrás de una mesa de madera, salpicada del agua que usa para el efecto.
“Soy del primer grupo que nos habíamos consagrado en el tiempo de monseñor Aquino”, comenta en alusión al ex obispo de la Diócesis de Caacupé Demetrio Aquino.
Arrancó a los 38 años de edad en esa misión. Hoy, a sus 61 años, cuenta que pocos siguen en la misión. “Algunos ya han fallecido”, señala.
De los 50 agentes pastorales –entre diáconos y devotos– solo ocho quedan de la vieja guardia, de acuerdo con Mario, que es oriundo de la ciudad de Altos, pero desde los 14 años vive en la Villa Serrana.
“Siempre para nuestra salvación tratamos de hacer algo bueno, a ver si la balanza se inclina hacia el lado nuestro”, expresa sobre lo que le motiva a pararse durante cuatro horas frente a la fila de fieles que llevan artículos de oración.
Bendice –enumera– imágenes de santos, libros, relicarios, objetos de piedad en general. No tiene idea de cuántas bendiciones realiza a diario.
Mario es propietario de un comercio en Caacupé. Vende maderas y muebles en el barrio San Blas. Frente a su local, ubicado en inmediaciones de una curva sobre la ruta 2, montó un pequeño nicho iluminado con la imagen de la Virgen que –según vecinos– mermó los accidentes de tránsito en esa zona.