Ray Armele | Realizador
rayarmele@gmail.com ***CORREO SEMANAL***
Los codiciados Premios de la Academia de Hollywood tienen candidatos muy disímiles este año. Aunque también se pueden encontrar coincidencias. Por ejemplo, por el premio a Mejor Director (y otros) compiten dos que alguna vez compartieron el mismo lecho conyugal. James Cameron y Kathryn Bigelow - por unos años los esposos Cameron- ahora corren, cada uno sobre su propio caballo, por uno de los “peladitos dorados” más apetecibles.
Otra coincidencia la encontramos también entre la película de Cameron, Avatar, nominada a Mejor Película y varias estatuillas más, y Up, nominada a Mejor Película y Mejor Largometraje de Animación. Además de que ambos ganaron los Globos de Oro en sus respectivas categorías, los argumentos de las dos han sido identificados por un amplio sector de la crítica y el público como re-creaciones de obras ya filmadas. Así, mientras en Up se encuentran coincidencias notorias con El barón de Münchhausen, que no hizo volar su casa pero sí elevó un globo aerostático con las enaguas de un grupo de admiradoras. También tenía compañeros de viaje (en la versión fílmica de Terry Gilliam, una niña de diez años, en el animado de Disney/Pixar un niño oriental explorador). El barón integra después a un hombre de pies muy rápidos, a otro que podía escuchar a la distancia, a otro que tenía una vista aguda y a un gran fortachón. Al anciano Carl, protagonista de Up, se le unen un ñandú gigante y un perrito hablador y de fino olfato.
<h2>¿HOMENAJE O PLAGIO?</h2>
Hay que destacar que el Barón de Münchhausen existió en la realidad, y sobre sus proezas en la guerra de los rusos contra los turcos se escribió la disparatada novela que incluso sorprendió y desagradó bastante al Barón verdadero, que vio desfigurada su reputación por las exageraciones de la ficción. Era como si aquella “Segunda Vida” que el público conoció a través de la literatura llegara a superar al auténtico Münchhausen y a tener “vida propia”. La disputa entre el “personaje real” y el “personaje de ficción”.
Con Avatar sucede algo similar. Las coincidencias que se han encontrado en el guión con la historia de Pocahontas son innegables. Hasta las iniciales del protagonista “Jake Sully” coinciden con “John Smith”. Recordemos que también las películas y novelas que se hicieron sobre este idilio entre una indiecita y un conquistador inglés tienen su origen en la vida real. Y también coinciden muchos detalles de la leyenda que surgió en torno a este romántico encuentro de dos mundos.
A Cameron le acusan también de haber copiado escenas de El bosque esmeralda, del británico John Boorman, o El nuevo mundo, de Terrence Mallick. Realmente, estos elementos pueden ser simplemente “tributos” del director a otras películas. No se puede hablar de plagio, sino más bien de un homenaje reproduciendo aspectos de otros filmes con una temática similar.
Entre los críticos más virulentos están algunos de grupos religiosos, que se rasgan las vestiduras ante la glorificación exacerbada de la “madre tierra” y los rituales aborígenes con cierta reminiscencia de festivales hippies de los años 60. La ecología new-age y la reivindicación de las culturas originarias frente al atropello salvaje de los neo-imperialistas tienen sus detractores, pero también entusiastas fans como el presidente boliviano Evo Morales, que se sintió identificado como gobernante indígena en lucha contra los invasores de galaxias lejanas.
Para otros, Avatar es simplemente una vuelta de tuerca sobre los superhéroes enmascarados, aquellos que ocultan su identidad detrás de unas gafas (Clark Kent-Superman, el anonimato más inverosímil desde que el diablo se mimetizó en serpiente para corromper a Eva). En este caso, esta duplicidad asume los íconos de la cíber-modernidad, trasladando la fábula del “justiciero en las sombras” a una épica tecno-virtual.
¿UNA REBELIÓN CONTRA DIOS?
El amor entre un parapléjico Jake Sully y la alienígena Ney’tiri es una nueva versión de la historia de John Smith y Pocahontas. Pero, además de las imágenes 3D y el sonido envolvente, hay una re-invención de la lucha de dos mundos antagónicos des-integrados por la escisión psíquica de este doble-agente, doble-héroe (híbrido de Robin Hood, El Zorro y Batman) que reniega de su propia clase para tomar partido por los “sans-culottes ", por los “descamisados”, que al principio desconfían de este Jake-John-Diego de la Vega-Bruno Díaz, pero que finalmente lo adoptan y le salvan la vida convirtiéndolo en uno de ellos. El “avatar” - recuerden que esta palabra también significa vicisitud o cambio en el destino- se impone y destruye su propio origen, como si en uno de estos juegos virtuales actualmente tan concurridos (“Second Life”), el personaje creado en la cíber-ciudad irreal desbancara y se impusiera a su hacedor del mundo real. ¿Es el triunfo del títere sobre el titiritero? ¿La rebelión del mortal contra su Dios creador? ¿La toma del poder por parte de los excluidos y desposeídos?
Cameron se defiende de las críticas más ácidas alegando que empezó a escribir el guión hace catorce años. Antes de la invasión de Afganistán. Antes de la guerra y destrucción de Irak. Antes que Buzgalin y Dieterich inventen “el socialismo del siglo XXI”. Pero 400 años después de que un intrépido anglosajón, John Smith, se enamorara de una tierna adolescente indoamericana.