Correo Semanal

Aty Ñe’ê, homenaje a un teatro crítico en la dictadura

La Cámara de Senadores reconoció esta semana al legendario grupo teatral Aty Ñe'ê, que en plena dictadura promovió una cultura crítica e independiente. Reproducimos el mensaje de su directora y fundadora.

Raquel Rojas

Actriz y directora teatral

Aceptamos con muchísimo agrado, la invitación del Senado de nuestro país a ser parte está de una ceremonia donde se aviva la memoria cultural, rememorando una década de lucha del Grupo Teatral Aty Ñe’ê (1975-1985), “por su gran aporte a la cultura, a la educación popular, al pensamiento crítico, a la defensa de los derechos humanos y a la construcción de una sociedad democrática y libre”, como se consigna en la Declaración 314 de la Honorable Cámara de Senadores de la Nación paraguaya.

Que, 46 años después de esa década de lucha cultural contra la dictadura, el Senado distinga a aquellos —los de entonces— jóvenes artistas, que abandonándolo todo —familias, novios, diversiones, amores y hasta futuro económico—, con el fin de ofrecer su vida al teatro, sirviendo a la cultura en pro de la libertad y democracia, que esto se comprenda hoy, será un aliciente para jóvenes teatristas.

En el camino de nuevos paradigmas, el grupo Aty Ñe’ê se propuso transitar el territorio hacia el pueblo campesino e indígena para intercambiar con ellos, creación, diversión, canto y vida compartida, descubriéndose a sí mismos en la Patria humanidad (José Martí).

Como actores, actrices, músicos, gestores y dramaturgos a la búsqueda de un lenguaje estético, ético y político, el grupo buscó afanosamente que la gente reflexione sobre su realidad para cambiarla. El teatro era la vía más amable para llegar a la razón y el corazón de la gente.

El objetivo fue el cambio de las relaciones entre Estado y sociedad, relaciones autoritarias y opresivas, endurecidas hasta la crueldad, en el escenario de remotas campiñas, ciudades, pueblos y compañías de la Región Oriental.

La dictadura jamás dio tregua a las represiones campesinas y los ojos de los pyragues no dormían de noche ni de día, abiertos a la delación, persecución y torturas, azote de una de las dictaduras más largas del continente.

Decíamos que el Senado paraguayo, en su composición multipartidaria, le otorgue hoy el sitial de gesta cultural, cívica y política, al grupo teatral de corazón valiente, en los términos que imprime en esta placa la declaración del Senado no es casualidad. ¿Tal vez podría ser signo de causalidad de nuevos tiempos? ¿De estar transitando hacia una luz al final del túnel?

Para quienes sobrevivimos al dolor, la desazón y las muertes que nos ha dejado este tiempo de pandemia del Covid-19, el solo hecho de estar vivos nos compromete a todos —al más humilde o al más encumbrado— a ser ética, política, creativa y solidariamente mejores personas y ciudadanos más responsables. “Hablen otros de su miseria que yo hablo de la mía”.

LAS DEMANDAS ACTUALES

Nosotros, los de entonces, seguimos siendo ciudadanos consecuentes. Ayer marchábamos por recuperar nuestras libertades y hoy nos movilizamos por nuestros derechos y acceso a legítimas condiciones para el sector cultural: salud protegida (no tenemos IPS, aun cuando la ley fue promulgada en el gobierno de Fernando Lugo, el Instituto puso palos en la rueda para no ejecutarla hasta hoy). El teatrista no tiene dónde reposar en una vejez digna, pues no existen jubilaciones, ni pensiones para el sector cultural.

El presupuesto público de cultura sale cercenado desde este recinto, se poda en Hacienda y a los artistas nos llegan migajas. No hay créditos y programas para cientos de pymes culturales de producción teatral y educación dual: trabajo-estudio. El teatro y el canto popular, de las artes que más han arado en los surcos por la democracia de la nueva sociedad, no tienen hoy una silla institucional pública donde llorar sus miserias.

No existe un Instituto Nacional de Teatro para gestionar políticas públicas de promoción y desarrollo del teatro. No hay una compañía nacional de teatro profesionalizada y tampoco redes de salas privadas alternativas para repertorios y giras nacionales, no sujetas al mercado, como lo hacíamos con Aty Ñe’ê en los años de oprobio.

El teatro popular no es espontáneo, requiere presupuesto (las giras del grupo fueron patrocinadas por una fundación del Congreso de Estados Unidos, comprometida con la democracia en Paraguay).

Decíamos que, a la vuelta de la pandemia, era imperativo ser ciudadanos consecuentes con la patria y por ello, desde lejos sigue resonando en nuestros oídos la consigna de los Próceres de Mayo de 1811: “¡Viva la unión!”.

Sí. ¡Viva la unión para un cambio con cultura en Paraguay! ¡Viva la unión con una cultura que nos haga cada día más plenamente humanos; que nos dé la capacidad de reflexionar y descubrirnos a nosotros mismos como Nación y destino! ¡Viva la cultura de la unión para trabajar juntos en erradicar la pobreza, las profundas desigualdades y exclusiones sociales!

El pueblo paraguayo y sus artistas luchamos hasta 1989 y en la transición, con esperanzas de construir un nuevo, próspero, libre y equitativo Paraguay.

ERRADICAR LA INDIFERENCIA

Desde jóvenes fuimos con Aty Ñe’ê a convivir con los campesinos, para aprender la cultura del jopoi, de la solidaridad, del trabajo en conjunto para vivir en un tekojoja.

Pero ¿dónde quedaron nuestros sueños e ideales, luego de 32 años de transición hacia la democracia de un “Paraguay con cultura y justicia social”, ante indicadores vergonzantes de pobreza y pobreza extrema, en el paisaje devastador de campesinos e indígenas arrasados de sus tierras originarias por algún latifundista con padrino poderoso?

El campesino que se ve en nuestras fotos, con quienes convivimos, eran agricultores minifundiarios, con tierras y cultivos de autosubsistencia, era el mboriahu ryguata.

Ojo: sin un ápice de nostalgia autoritaria, no podemos cerrar los ojos sin preguntarnos: ¿qué ocurrió en Caazapá, Concepción, Pedro Juan Caballero, Caaguazú, Canindeyú, Guairá o Hernandarias? Mares de soja, campesinos sintierras para cultivar y migrantes a las ciudades engrosando cordones de pobreza extrema.

No queremos este panorama desolador de “cultura de la indiferencia social”. Queremos erradicar en la mente de cada paraguayo aquello de “estamos peor de cuando estábamos peor”.

Es por ello que, siendo teatristas creadores de utopías, diseñamos los perfiles de un proyecto país. Y nuestra propuesta democrática es refundar la República, un Paraguay, con cultura y justicia social.

Con los Próceres de Mayo decimos: “¡Viva la unión!”. Sí, viva la unión de paraguayos y paraguayas honestos, creadores, con jóvenes estudiosos, trabajadores, innovadores y solidarios. Unión de la buena gente que somos los más, a un proyecto de Nueva República con la cultura y sus cultores, que refundemos como un “gracias a la vida” en la pospandemia. (En esa arca de Noé no cabrán funcionarios corruptos, narcotraficantes, delincuentes, discriminadores, secuestradores, ni usurpadores de tierras públicas).

En esta nueva utopía tendrán esperanza, tolerancia, prosperidad, comunicación y diversidades culturales en diálogo.

Con Eduardo Galeano decimos: “Vivimos y creamos en la casa del futuro, pisando la roca del pasado, para transformar positivamente el presente”.

(*) El grupo teatral Aty Ñe’ê tuvo como integrantes a Raquel Rojas, Tony Carmona, Alcibíades González Delvalle, Ramón del Río, Arturo Pereira, Wal Mayans, Yiya Gunsett, Jorge Brítez, Blas Alcaraz, Alejo Pesoa, Humberto Gulino, Pachín Centurión, May Obregón, entre otros.




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