17 ago 2026

Anegados por el río pasarán fiestas en las plazas, entre maderas y zinc

Una festividad entre paredes de madera y techos de zinc se replicará esta noche en más de 17.000 damnificados que viven hace seis meses en los refugios instalados en Asunción, por la crecida del río Paraguay.

Regalos.   Carmen,   junto a su hijo, esperó un obsequio navideño legislativo.

Regalos. Carmen, junto a su hijo, esperó un obsequio navideño legislativo.

Por Luján Román

Sus vecinos no les dan ni pan dulce de regalo para celebrar la Navidad, se quejan los desplazados por la crecida que viven en precarios asentamientos instalados en las inmediaciones del Parlamento. Pero es lo de menos.

Un arbolito de gran porte adorna el interior del pequeño refugio de los Estigarribia en la plaza Mariscal López. Ahí Apolonia lava la ropa, si alcanza a recoger el agua, que escasea. En una pausa, cuenta que armó, como es tradicional, para darle un toque navideño a su desgracia. “Pesebre namoirî, sa’i la ore lugar ha orereta. Año nuevorâ ko roguejýta hína, ndaigustovéima ápe”, dice en guaraní la mujer que vive en la choza y piensa volver a su casa ubicada detrás del barrio 3 de Febrero de la Chacarita. La mujer planifica pasar la Nochebuena en familia, cada hijo traerá algo para compartir.

Entre risas, su vecina, Carmen Cubas, se queja de sus vecinos de traje. “Los diputados y senadores ni pan dulce nos dieron. Ni no ma’êi orerehe”, resalta, mientras recoge agua para bañar a su hijo Jesús, con discapacidad intelectual.

Carmen solo quiere que en 2015 mejoren las cosas del país, que haya más seguridad y que la nombren en su trabajo.

Por primera vez Benigna Núñez pasará las fiestas en la calle. La mujer lamenta que irremediablemente tenga que celebrarlas en la Plaza de la Independencia, mirando el busto de Simón Bolívar, porque su casa del bajo está a punto de caer. “No hay plata. Mba’e jajapóta”.

A pesar de la tragedia que pasan por la inundación, los desplazados quieren ponerle onda a la Nochebuena. Sandra Vázquez está llena de entusiasmo. Vive en la vereda lateral del Cabildo y cuenta que su familia en la inundación de 1997 había regresado a casa justo en Navidad. Su caso hoy es diferente. No tiene dinero para arreglar su hogar corroído por las aguas.

“Hay que ponerle onda, no pensar tanto en lo que no tenemos, hay que disfrutar en familia, que es lo importante. Yo lo tomo con buena onda, porque ni modo, qué voy a hacer, en su momento no me esforcé para salir y ahora me la tengo que bancar”, resalta la madre de dos pequeñas.

Los inundados golpeados por la crecida del río Paraguay desean volver, pero dicen que lo harán en su tiempo, por ahora piensan en disfrutar la Navidad donde sea, porque el verdadero hogar es la familia.