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Amor con obras

 

Hoy meditamos el Evangelio según San Juan 3, 16-21.

Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna.

En el servicio a Dios, el cristiano debe dejarse llevar por la fe, superando así los estados de ánimo. “Guiarme por el sentimiento sería dar la dirección de la casa al criado y hacer abdicar al dueño. Lo malo no es el sentimiento, sino la importancia que se le concede (...). Las emociones constituyen en ciertas almas toda la piedad, hasta tal punto que están persuadidas de haberla perdido cuando en ellas desaparece el sentimiento (...). ¡Si esas almas supieran comprender que ese es precisamente el momento de comenzar a tenerla!... “.

El papa Francisco, a propósito del Evangelio de hoy, dijo: “El Evangelio de hoy nos propone las palabras dirigidas por Jesús a Nicodemo: “Dios, amó tanto al mundo, que dio a su hijo unigénito”. Escuchando esta palabra, dirigimos la mirada de nuestro corazón a Jesús crucificado y sentimos dentro de nosotros que Dios nos ama, nos ama de verdad, y ¡nos ama mucho! Esta es la expresión más sencilla que resume todo el Evangelio, toda la fe, toda la teología: Dios nos ama con amor gratuito y sin límites. Así nos ama Dios. […]

San Pablo nos recuerda: “Pero Dios, que es rico en misericordia –no olvidarlo nunca, es rico en misericordia– por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo”. La cruz de Cristo es la prueba suprema del amor de Dios por nosotros: Jesús nos ha amado “hasta el extremo”, es decir, no solo hasta el último instante de su vida terrena, sino hasta el extremo límite del amor. Si en la creación el Padre nos ha dado la prueba de su amor inmenso dándonos la vida, en la pasión de su hijo nos ha dado la prueba de las pruebas: ha venido a sufrir y morir por nosotros. Y esto por amor.

Así de grande es la misericordia de Dios, porque nos ama, nos perdona con su misericordia, Dios perdona todo y Dios perdona siempre.

María, Madre de misericordia, nos ponga en el corazón la certeza de que somos amados por Dios. Esté cerca de nosotros en los momentos de dificultad y nos done los sentimientos de su hijo”.

(Frases extractadas de http://www.homiletica.org/francisfernandez/franciscofernandez0179.htm y https://es.catholic.net/op/articulos/14730/cat/566/dios-mando-a-su-hijo-para-salvar-al-mundo.html#modal)

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