Todo está de nuevo por hacerse. Se hace evidente con el reciente asesinato del afroamericano George Floyd por parte de un policía blanco, las marchas pacíficas y las protestas con actos vandálicos, más el asesinato del también afroamericano policía retirado David Dorn por un hombre blanco que participaba en los saqueos. Es notable que ambas muertes violentas de los afroamericanos Floyd (con problemas ante la Justicia) y Dorn (condecorado ex policía) fueron grabadas por transeúntes, y en ambos casos hubo omisión de auxilio. Hay mucho que analizar en esos hechos.
¿Será que todos esos sueños de los que tanto se hablan en las canciones de los jóvenes que en el 68 se movilizaron en todo el mundo pidiendo un cambio radical, protestando contra la violencia y la hipocresía se desvanecieron o, peor, se convirtieron en un cliché de autojustificación para no asumir su parte de responsabilidad en la violencia de hoy?
Sí, violencia. Sigue campante. Pero no solo en el racismo de ambos bandos. Algunos incluso creen que duplicarla y darle un discurso biensonante a su proceder, la justifica. ¡Terrible!
Sin verdad, no hay justicia y sin justicia no hay paz. Pero esa verdad está siendo constantemente ridiculizada en una sociedad que se enorgullece de su deconstrucción, de su relativismo. Y luego se asombra de la violencia que ella misma genera. Hace tiempo la justicia se desdibuja por los relatos interesados de todos los bandos, porque para muchos hoy solo cuenta el poder, no la verdad.
Creo que para hablar del racismo, de la igualdad ante la ley, de la libertad por la que lucharon el Dr. Luther King y sus jóvenes amigos, varios de ellos de piel blanca, habría que salirse de los relatos, de las reconstrucciones interesadas, de los clichés.
La realidad nos está desafiando una vez más a mirarla a la cara para reconocer todos los factores en juego. Es fácil estimular el odio contra el enemigo político de turno, contra el sistema, contra todo lo que no implique dar un paso de responsabilidad en primera persona.
¿Será que la misma hipocresía que denunciaban a sus padres aquellos jóvenes del 68 es la que domina sus almas hoy cuando ya ellos son el establishment? ¿O serán capaces de asumir sus verdades incómodas y de retomar el camino de la libertad en la verdad que es el verdadero camino de la paz?
El 4 de abril de 1968 asesinaron al líder que sí hizo algo contra el racismo en su país; siendo él mismo víctima, Luther King no se dejó encasillar por el odio y sus métodos. También él era joven, también él tenía un sueño, pero no cedió su libertad personal a la violencia. Creo que su fe y sus fuertes convicciones personales lo hicieron libre.
Lo asesinaron un día después de pronunciar su famoso y profético discurso titulado: “I’ve been to the Mountaintop”. Les invito a leerlo. Creyentes o no, es fácil deducir que esa paz interior expresada por el Dr. Luther King en medio de las amenazas de muerte, solo se logra con una mirada distinta sobre la realidad. O lo hacemos, o seguiré la violencia.