José Carlos Rodríguez | Investigador
josecarlos.raz@gmail.com
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A cincuenta años de la muerte del Premio Nobel de Literatura Albert Camus, éste sigue teniendo impacto. Perturba. Su trabajo intelectual de novelista, filósofo y dramaturgo se presenta a contramano de cualquier tranquilizante. Es un humanista desnudo, sin coartadas, sin sentido transcendente. En su célebre discurso ante la Academia sueca que lo premiara, dijo: <br/><br/>"Cada generación, seguramente, se cree dedicada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida, donde se mezclan las revoluciones deshechas, las técnicas que enloquecieron, los dioses muertos y las ideologías extenuadas, donde mediocres poderes pueden hoy destruirnos, pero no saben más convencer..."<br/><br/>Detrás de su escepticismo ante los paradigmas que daban sentido e identidad al mundo en que vivía – el cristianismo, el existencialismo y el marxismo– estaban el estallido de la violenta historia real del siglo XX europeo y el pensamiento de Nietzsche, Schopenhauer y otros pensadores críticos e inubicables, que habían celebrado con melancolía – y una secreta fruición– el crepúsculo de los dioses y de las creencias que embellecían la gloria y las locuras de la cultura occidental. <br/><br/>La familia alsaciana de Camus, expulsada de Francia por la ocupación alemana del siglo XIX, fue a Argelia. Camus colaboró en la lucha de liberación contra la resistencia nazi en la II Guerra Mundial. Y, como familia francesa “pied noir”, la suya estaba destinada a ser expulsada por la descolonización de su patria africana, a mitad del siglo pasado. Cada causa era el crimen; durante la Guerra de Argel dijo: “En este momento, se lanzan bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede encontrarse en uno de esos tranvías. Si esto es justicia, yo prefiero a mi madre”.<br/><br/>Su trabajo intelectual coloca en el centro a las personas y a su sufrimiento, sin cortapisas, sin premio al final de los tiempos, ni juicio que absuelva o que condene. Camus es un moralista absolutamente gratuito. Reniega la aprobación de los dioses y de las gentes. Desafió todas las ideologías y teologías que se disputaban para justificar desde afuera el valor de la vida humana o el valor de la sociedad y su transcurso. “El escritor no puede ponerse al servicio de aquellos que hacen la Historia. Está al servicio de aquellos que la sufren”. <br/><br/> La defensa incondicional de la dignidad de la condición humana está al abrigo del naufragio posmoderno de los discursos globales. Y hay más. Esa defensa de la condición humana independiente de nuestra fe e ideología, está más abierta para ser compartida con otras culturas y confesiones, o con el escepticismo. Por lo inmutable de sus apuestas, por lo incondicional de su sensibilidad, por el compromiso y la pasión de su moral, el pensamiento de Camus, calificado como nihilista y absurdo – también por sí mismo– , alumbra universalismo y apertura.
BREVE PERFIL<br/><br/>Albert Camus nació en Mondovi (actualmente Drean, Argelia), el 7 de noviembre de 1913, y estudió en la Universidad de Argel. Sus estudios se interrumpieron pronto debido a una tuberculosis. Formó una compañía de teatro de aficionados, que representaba obras a las clases trabajadoras; también trabajó como periodista y viajó mucho por Europa. En 1939 publicó Bodas, un conjunto de artículos que incluían reflexiones inspiradas por sus lecturas y viajes. En 1940 se trasladó a París y formó parte de la Redacción del periódico Paris–Soir. Durante la II Guerra Mundial fue miembro activo de la Resistencia francesa, y de 1945 a 1947, director de Combat, una publicación clandestina. Argelia sirve de fondo a la primera novela que publicó Camus, El extranjero (1942), que con El mito de Sísifo (1942) revelan la influencia del existencialismo. En 1947 publicó La peste. Antes dio a conocer su primera obra de teatro, Calígula (1945), a la que siguió Estado de sitio (1948). Su libro El hombre rebelde (1951) es uno de sus ensayos más conocidos. En 1994 se publicó la novela incompleta en la que trabajaba cuando murió, El primer hombre. Camus, que obtuvo en 1957 el Premio Nobel de Literatura, murió en un accidente de coche en Villeblevin (Francia), el 4 de enero de 1960.<br/><br/>