06 ene. 2026

¿Agroquímicos o agrotóxicos?

Por Guido Rodríguez Alcalá

Hace algún tiempo, un productor agrícola dijo que no se debía hablar de agrotóxicos sino de agroquímicos, porque agrotóxicos causaba una mala impresión. Hace días, la Senave presentó una lista de los agroquímicos usados en el Paraguay (ÚH, 9/2/14). Me fijé en la lista y comencé a hacer una búsqueda en internet.

Y así me encontré con que el Paraquat es un producto muy tóxico y peligroso por ingestión, inhalación y penetración a través de la piel. Produce cáncer, cambios hormonales, daños al pulmón, riñones y sistema cardiovascular. Su inhalación puede producir el daño conocido como “pulmón de Paraquat”. En Colombia, en la zona en que se lo utilizó para destruir cultivos de marihuana, a partir de 1960, nacieron niños con deformidades. Está prohibido en varios países del mundo, incluso en los de la Unión Europea.

También es tóxico, aunque menos la atrazina, también prohibido en varios países de la Unión Europea. Produce alteración en las funciones del corazón, hígado y riñones. Se ha comprobado que produce alteraciones hormonales en los peces de las aguas contaminadas. No se experimentó con los seres humanos, y es deseable que se recurra a otros medios de comprobación, porque no somos conejillos de Indias.

La aprobación del 2,4-D en los Estados Unidos por la EPA, agencia del gobierno encargada del asunto, ha provocado protestas y acciones judiciales. La causa es que se trata de uno de los ingredientes de la dioxina, uno de los venenos más tóxicos que se han producido. Entre los productores estaba Monsanto, que ignoró su toxicidad hasta que ya no pudo hacerlo, pero pudo esquivar las demandas penales.

Me preocupa que estos tres productos se utilicen con el glifosato, el herbicida más usado de la soja transgénica de Monsanto. El glifosato comenzó a usarse hacia 1990, con la afirmación de que era inofensivo y muy eficiente. Resultó que no era inofensivo, y existen muchos estudios científicos al respecto, hasta el punto que Monsanto debió agregar que era ligeramente tóxico. Resultó también, y lo admitió Monsanto, que surgieron malezas resistentes al glifosato, y eso significa dos cosas. Primero, que se lo debe usar en cantidades mayores; desde 1990 hasta hoy, el uso de agrotóxicos (agroquímicos si se prefiere) ha aumentado en vez de disminuir. Segundo, que solo ya no sirve, se lo debe emplear junto con otros, como el Paraquat, la atrazina y el 2,4-D.

En resumen, hay motivos para preocuparse por las plantas, los animales y los seres humanos. La oposición de los campesinos a las fumigaciones no se debe a que sean ignorantes, sino a que pagan las consecuencias. Además, cuando alguna institución científica dice que son tóxicas, se opta por el ñembotavy.