Correo Semanal

Adiós a un artista sanador

 

Andrés Colmán Gutiérrez
Periodista y escritor

Martín me salvó la vida. Llegué a su consultorio desesperada, sin ganas de seguir viviendo, perdida en el fondo de un precipicio y él me tendió la mano, me ayudó a salir a flote, me reconstruyó y me ayudó a encontrarle un nuevo sentido a la vida”.

Es lo que escribió una de sus pacientes. Ella, al igual que muchas otras personas, se sintió terriblemente huérfana el martes último, cuando se enteró de que el doctor Martín Moreno Giménez, su médico, terapeuta, maestro, amigo, sensei… había fallecido esa madrugada de un infarto en pleno sueño. “Murió quizás sin darse cuenta, como probablemente se mueren los ángeles o los duendes”, escribió otro de sus alumnos.

Mucha gente que quizás no lo conocía, o que lo conocía apenas desde la distancia, quedó sorprendida por la catarata de homenajes, mensajes, relatos, anécdotas, confesiones… que inundaron las redes sociales en internet. ¿Quién era este doctor Moreno, a quien todos lloran y de quien cuentan maravillas?, me preguntó una amiga.

Son pocas las personas que llegan a hacer tantas cosas de manera tan vital. Martín era principalmente médico siquiatra, uno de los mayores especialistas en salud mental en el Paraguay, propiciador de la “des-manicomilización”, una corriente que busca superar los manicomios como “depósitos de seres humanos” y dignificar la atención de la salud mental.

Más conocido como Tiki, Morenito, maestro, Martín fue además docente, escritor, músico, poeta, teatrista de sicodrama, karateca, sensei y muchas cosas más. Todas sus actividades tenían como eje central el concepto revolucionario de una nueva salud mental. Publicó varios libros, entre ellos “Tavyrairenda - Cuentos para des-manicomializar” (Servilibro, 2008) y “Desmanicomialidades, cuentos, divagues, delirios” (Servilibro, 2013).

Principalmente, fue un artista sanador. Su aporte fundamental lo brindaba en la vida cotidiana, en sus clases, en sus peñas y las charlas entre amigos, en sus redes sociales, donde compartía mensajes de optimismo, ofrecía breves conciertos en vivo, tenía siempre la palabra apropiada que para muchos náufragos del agitado mundo era verdadera tabla de salvación.

Fue un gran colaborador de El Correo Semanal. Cuando se desató la pandemia del Covid-19 publicamos un artículo suyo titulado: “La salud mental ante la amenaza del coronavirus”, en donde compartió varias recomendaciones para evitar que la crisis afecte la energía de vivir, mientras invitaba a mirar el tiempo que seguirá después.

“Siempre la esperanza de un encuentro real, de piel a piel, de encuentro de miradas y escuchas o silencios compartidos, nos dará la humanidad suficiente para comprender que hemos superado la crisis, dejando el duelo de lado, construyendo memoria y entendiendo que somos otros”, escribió.

Adiós, querido Martín. ¡Gracias por tanto!


Homenajes

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