N o, 1978 no puede ser porque el dúo Pérez-Peralta lo grabó en 1971 y al año siguiente lo hizo Los Guayakíes. La obra tiene que ser de alrededor de 1970", sostuvo desde Ciudad del Este el poeta y locutor Gabriel Chaparro Vega, archivo viviente de la música paraguaya.
Se refería al año en que pudo haber sido compuesta Aurorita, del bandoneonista y compositor Germán Bogado. La historia, relatada por el ingeniero Miguel Ángel Achón, está ubicada en Encarnación y apareció en esta misma sección el sábado pasado. La fuente de su información es María Ester Rojas, hija del dueño de casa donde vivió temporalmente el maestro que un mal día regresó de una gira y ya no encontró a Aurora, mujer a la que amaba con toda la fuerza de su corazón.
Esa imprecisión temporal permite agregarle nuevos detalles a la vida de la joven que prefirió el camino antes que el amor de un músico ya entrado en años y, para colmo, bohemio impenitente. No solo eso, abre las puertas para conocer otra polca ramificada de la misma historia.
“Estando en Encarnación en la peña de una casa de juegos clandestina con Juan Carlos Soria, Silverio Rojas Vargas, Bernardo Barrios, un bandoneonista de apellido Rojas, Julio Rojas - padrastro de Ángel Pato García, que actuó con Paraná- y el poeta Luna Martínez, el propio Germán Bogado me contó lo que había sucedido quien le hacía llorar cuando tocaba en su bandoneón la música que creó para ella”, relata Gabriel.
“Ella era una prostituta. El maestro ya estaría por encima de los 50 años - había nacido el 11 de octubre de 1919- y ella era muy joven, con unos 20 años. Él, que salía a actuar y siempre volvía junto a ella, le quería apasionadamente. Sus amigos músicos se burlaban de él porque ya no podía tener el ritmo juvenil que exigía una jovencita. Germán estaba perdidamente enamorado. Por eso fue que cuando volvió y no la encontró en la casa de Rojas se desesperó y corrió detrás de ella sin éxito por cierto, porque ella desapareció”, cuenta.
“La melodía de Kuarahy reike también hizo al recordarle en sus tardes de ausencia. También compuso inspirada en ella Rohayhu ha che soygue, que únicamente había aprendido el bandoneonista Alfonso Yesa. Vive en Ciudad del Este, pero ya no toca su instrumento porque tuvo un derrame.”
Al conocer el dolor que le había causado Aurora al compositor que años después de su partida seguía apenado, Gabriel intentó meterse en el alma del bandoneonista para escribir en Encarnación el 23 de enero de 1978 - en la peña musical- lo que tituló Adiós Aurorita.
“Le mostré al maestro las dos o tres primeras estrofas. Él mismo le puso la música. Hablo de ?flor de junio’ porque me contó que el cumpleaños de la chica era en ese mes. Se sintió identificado por lo que decían mis versos. ?Kóa che. Ejapovéke, aníke ne ate’ÿ (Este soy yo. Alargá más, no seas perezoso)’, me dijo alentándome a escribir otras estrofas como, efectivamente, hice luego”, concluye Gabriel Chaparro Vega.
Después de que Germán Bogado le contara su historia con una mujer, Gabriel Chaparro Vega escribió una letra a la que el mismo protagonista puso música.
Memoria viva
Mario Rubén Álvarez
Poeta y periodista
alva@uhora.com.py
Adiós Aurorita
Aurorita es el nombre de la bella flor de junio,
el tormento de un bohemio mal pagado en el amor;
la voluble mariposa, la sin par hija de Otaño,
veleidosa y traicionera, con figura de mujer.
Cuántas noches de placeres compartía en sus brazos
entre arrullos amorosos, le entregué mi corazón
sin saber iba libando el veneno con sus besos,
de esos labios rojos-sangre parecidos a un manjar.
Su silueta era la luz en mi triste noche larga,
un oasis de reposo en mi alma otoñal,
el refugio inigualable de noctívagas andanzas
que ella sola mitigaba, como diosa de vestal.
Hoy que todo se ha perdido, esos días venturosos
solo queda de recuerdo este verso de un adiós
impregnado del cariño tan sincero de otros tiempos
y que lleva en sus renglones, Aurorita, mi perdón.
Seguiré lanzando al viento mi nostálgica endecha
florecida por tu ausencia mi adorada flor del mal;
tú serás la siempre viva en el jardín de mis quimeras
Aurorita, flor de junio, nunca te podré olvidar
Letra: Gabriel Chaparro Vega
Música: Germán Bogado