Editorial

Acertada prédica sobre corrupción y violencia en campañas políticas

Durante la fiesta por los 40 años de Tupãrenda, el sacerdote Pedro Kühlcke, del Movimiento de Schoenstatt, lanzó cuestionamientos sobre la práctica política en nuestro país, lamentó la corrupción, el uso del dinero sucio y la violencia previa a las elecciones, aunque también destacó las caras nuevas de gente comprometida. Kühlcke hizo un análisis de lo que dejaron las elecciones y la campaña electoral, destacando la realidad positiva del país al referirse como ‘‘un signo de esperanza’’ ver ‘‘caras nuevas de gente comprometida que quiere cambios’’. La exhortación es oportuna tras la última campaña que se caracterizó por una extremada violencia. La serie de atentados que acabaron con la vida de candidatos o personas cercanas a ellos manchó las municipales y representa un toque de atención en cuanto a lo que se está convirtiendo la práctica política en el Paraguay.

El nivel de violencia política que se vivió en los días previos a las últimas elecciones municipales fue intenso y atípico. También es alarmante la aparición de grupos criminales armados porque es un fenómeno que está creciendo en Paraguay.

Si bien se hace poco por combatirlo, el uso del dinero sucio en nuestra política no es un fenómeno desconocido, y junto con la aparición de grupos armados vinculados al narcotráfico, es una tendencia cada vez más fuerte que debe alertar.

Sobre estos temas se centró la reflexión durante la fiesta por los 40 años de Tupãrenda. Durante su prédica el sacerdote Pedro Kühlcke examinó la realidad del país y resaltó algunos signos de esperanza. “A mí me dio alegría, por ejemplo, ver muchas caras nuevas, mucha gente comprometida que realmente quería jugarse y quiere jugarse por ese nuevo Paraguay. El tema de las listas desbloqueadas, todo símbolo de más democracia, de más poder para el pueblo. Cambios muy positivos en algunas ciudades’’, valoró.

El sacerdote mencionó otro rasgo de la realidad nacional, el negativo, y al respecto dijo que nuestras campañas políticas siempre fueron sucias, pero que esta última impresionó porque no solo fue sucia sino también sangrienta. ‘‘En mis 16 años de vivir en este bendito suelo nunca había registrado eso, que se peleen literalmente a muerte por el poder, que haya candidatos asesinados. Yo no me acuerdo de eso. Siempre corrían ríos de dinero sucio, ahora también corrieron ríos de sangre’’, lamentó.

Acotó asimismo el sacerdote que ‘‘duele mucho’’ que los corruptos vuelvan a ser elegidos como si nada y se preguntó: ‘‘¿De dónde viene todo ese dinero con el que se pagan los votos? El que paga para ganar roba para seguir o algo así dice un dicho que anda dando vueltas bastante. Kóa piko ñande Paraguái jaipotáva? ¿O queremos una nación de Dios?”, lanzó como interrogante.

Asimismo, hizo referencia a la forma de ver el poder y la política que tienen muchas de nuestras autoridades. ‘‘Conocemos a varios que creen que son los dueños de Paraguay, que creen que Paraguay es de su propiedad privada. Hay algo muy humano en esa pelea por el poder, por estar en los primeros puestos, por tener la manija, pero hay algo muy demoniaco también porque el poder pervierte y el poder absoluto, absolutamente como decía un filósofo’’, precisó.

Estas reflexiones coinciden con la prédica del obispo de Caacupé días antes de las elecciones. Ricardo Valenzuela había instado a los feligreses a votar sin caer en la práctica deshonesta de vender los votos. Pero también había apuntado que los líderes políticos están cada vez más alejados de los valores morales de la sociedad y de los principios rectores de sus partidos, con lo cual hacen del sistema político una estructura para influir en la gente, por lo que resulta fácil persuadir en forma negativa a los más débiles y necesitados.

De manera oportuna el obispo de Caacupé había parafraseado en aquella ocasión a Abraham Lincoln, diciendo que “el voto es más fuerte que una bala”. Es momento de leer con atención las señales de alerta acerca de esta especie de lucha de todos contra todos, en la que ganan los que tienen más dinero y que socava los principios de nuestra democracia.

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