Política

A zapatillazos Kattya protestó contra colorados y liberales que huyeron

 Con una zapatilla en mano y golpeando fuertemente su escritorio, fue la forma que la diputada encuentrista Kattya González encontró para protestar durante la sesión de ayer de la Cámara Baja.

Ante el asombro de sus colegas, bastante molesta, la legisladora dijo que seguiría con el circo de la cámara y criticó que a pesar de estar anotada en primer lugar en el estadio de oradores, finalmente sus colegas liberales, Manuel Trinidad y Carlos Portillo, hicieron uso de palabra primero.

Apenas inició su discurso, los silbidos y abucheos de los demás parlamentarios, principalmente de los colorados, se hicieron sentir.

Nuestras actuaciones son sencillamente lamentables, desprovistas de inteligencia y de la más mínima sensibilidad ante las señales que la sociedad nos envía día a día, hora a hora, con creciente intensidad”, dijo al referirse que la semana pasada designaron a Trinidad, a pesar de sus antecedentes, como representante suplente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.

Señaló que en estos pocos meses de gestión legislativa aprendió que transitar por el camino de la institucionalidad no funciona.

Esta Cámara está convertida en un carruaje insolente, en una olla que apesta, donde no existe voluntad política para enmendar los entuertos que hoy justificadamente avivan las expresiones de indignación ciudadana”, remarcó mientras los abucheos seguían y los colorados se levantaban para dejar la sesión, enojados.

A estos se sumaron varios liberales encabezados por el imputado Carlos Portillo, Édgar Ortiz, Carlos Silva, Salustiano Salinas y otros.

SIN CUÓRUM. Con la actitud asumida por estos legisladores, la sesión se quedó sin cuórum, teniendo en cuenta que, además de Kattya, solamente quedaron en sala 23 diputados.

RADIO Y TV CÁMARA. La legisladora siguió con su discurso, pero la transmisión de TV y Radio Cámara fue cortada abruptamente. Según los encargados, esto fue porque se siguió un “protocolo”.

González dijo que los partidos tradicionales, salvo algunas excepciones, se han convertido en asociaciones ilícitas para delinquir y proteger delincuentes; “varios de ellos ocupando sin rubor alguno una banca dentro de esta misma cámara”, situación que más molestó a sus colegas.

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