Correo Semanal

A 60 años del estreno de María de la Paz y Guyraû

Conocido por sus obras populares como Ka'aty, India y Panambi vera, José Asunción Flores posee una faceta menos difundida, como es su extenso trabajo para la creación de obras sinfónicas. Aquí una reseña, al inicio de la Semana de la Guarania.

Antonio V. Pecci

Periodista y escritor

A 60 años del estreno de dos obras, cabe preguntarse el porqué de la vigencia en el repertorio de las orquestas sinfónicas y en el gusto de nuestro público de María de la Paz, poema sinfónico con versos del poeta Elvio Romero, y de Guyraû, con letra del médico y poeta Carlos Abente.

Como se sabe, el Flores más conocido es el de Arribeño resay, Ñasaíndýpe, India, o Panambi vera, entre otras composiciones, pero hay un Flores que nuestro público de a poco va descubriendo a través de los conciertos con destacadas orquestas, el de los poemas sinfónicos, y que son de una estructura más compleja, obras donde se revela en toda su magnitud su gran capacidad creadora y los rasgos de un estilo propio, eso que hace que uno al escuchar una música pueda asociarla con su autor. Un hecho no común en el mundo artístico.

Estrenadas ambas obras en setiembre de 1961 en el teatro El Círculo, de Rosario, ese evento es uno de los momentos capitales del maestro por dar a conocer su creación sinfónica, en su esfuerzo de jerarquizar la guarania.

¿Por qué se realizó en Rosario y en un teatro tan importante, donde habían dirigido músicos como Pietro Mascagni y habían cantado figuras como el célebre Enrico Caruso? Por un deseo de los residentes compatriotas en dicha ciudad, quienes juntaron recursos y le formularon la invitación al destacado creador. Era también el resultado de haber realizado durante varios años conciertos en Buenos Aires. Flores, junto con Herminio Giménez y Carlos Lara Bareiro, impulsados por la ADAPA, Asociación de Artistas Paraguayos en la Argentina, que tenía su sede en la residencia del notable actor Jacinto Herrera. Así, en la década del 1950, se hacían conciertos, como el que comentaría el eminente crítico y músico austriaco Kurt Pahlen, residente en Buenos Aires. Luego de asistir a uno de ellos, en 1954, escribió: “El último concierto del (Teatro) Politeama ha sido una demostración definida del altísimo grado al que ha llegado la música paraguaya. Las partituras presentadas por Flores, por su avanzada técnica y los modernísimos recursos musicales empleados, conservando plenas y vigorosas las características paraguayas, en su ritmo, sus modalidades y su estructura general, constituyen un aporte del Paraguay a la cultura universal”.

sobre MARÍA DE LA PAZ

Al respecto escribía el destacado crítico cultural Édgar Valdes: “Sería difícil resumir en pocas líneas el contenido de su poema sinfónico María de la Paz. Perteneciente al ciclo de sus grandes sinfonías, tales como Pyhare pyte (En la noche profunda), Ñanderuvusu (Nuestro Gran Padre), etc. Nos bastará con decir que esta obra ha sido concebida como una contribución paraguaya al universal anhelo de paz, preocupación fundamental del hombre de nuestros días”.

La obra empezó a ser escrita luego de terminada la Guerra de Corea (1950-1954), según comentaba el Maestro. El temor a una guerra nuclear entre los dos bandos en la Guerra Fría –Estados Unidos por un lado y la Unión Soviética, por otro–, que acabaría con la vida humana, dominaba el pensamiento de las personas en todo el mundo.

Flores y Elvio Romero, quien le pondría versos a la obra, eran, por esos años, miembros del Consejo Mundial de la Paz y participaban de las reuniones en Europa, debatiendo iniciativas para desalentar los esfuerzos belicistas de las principales potencias. Participaban de estos debates junto a personalidades como los esposos Joliot-Curie, Pablo Picasso, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Jorge Amado, Pablo Neruda, Ilya Ehrenburg, Rafael Alberti, el sabio chino Kuo Mo Fo, entre otros. Como lo diría Elvio: El hombre soñaba con salvar a la humanidad de toda la ignominia que representan los movimientos bélicos”.

Así el músico y el poeta trabajaron durante varios años dicha obra, que puso su foco en el atroz bombardeo atómico de Hiroshima, en agosto de 1945, que provocó la muerte instantánea de miles de personas y el sufrimiento de miles de sobrevivientes. Ese hecho estremecedor que marcó un antes y un después en la historia del mundo, fue el motivo temático en que se basó la pieza. Y fue vista como un homenaje del Paraguay a las víctimas de esa tragedia. Una paloma emprende desde la tierra guaraní el viaje para llevar su saludo a sus hermanas en el Japón y dar aliento a los supervivientes. Una señal de esperanza, asociada, sin duda, a la hermosa Paloma de la Paz de Picasso.

EL ESTRENO EN ROSARIO

Esa es la obra que en setiembre de 1961 sería estrenada en una sala abarrotada de público, deseoso de conocer al gran músico que se desplazaba desde Buenos Aires. al frente de una nutrida delegación de intérpretes profesionales, coreutas y amigos como Roa Bastos, Oscar Clérici, Marcelino Gamarra, Jacinto Herrera, quien haría de presentador y, lógicamente, de Elvio Romero y de Oscar Mendoza, destacado cantante, quien sería el solista en Guyrau.

Norma Basso, talentosa directora de coros, residente hoy en París, es de origen rosarino y nos recuerda cómo y cuándo le tocó compartir esa experiencia musical trascendente.

Así apunta: “Mi tío paraguayo, Rufo Idoyaga Fretes –casado con una hermana de mi mamá–, vino un día a casa trayendo nada menos que a Víctor Martínez, exiliado paraguayo que había peleado en todas las guerras y terminó viviendo en Rosario, a quien la comunidad paraguaya rosarina tenía en la más alta estima. El objeto de la visita era de particular importancia: como sabían que yo dirigía coros venían a preguntarme si me animaría a formar un grupo de cantores que pudiera rápidamente aprenderse una obra sinfónico-coral del más grande compositor paraguayo. Yo no conocía aún ni su nombre. Se trataba de María de la Paz y de José Asunción Flores… En el teatro El Círculo se daría el estreno de esa obra, dirigida por el maestro. Para la orquesta iban a contratar músicos profesionales, pero no tenían resuelto el tema del coro. ¡Cual sería mi asombro!... Dije que quería ver la partitura antes de responder y ahí nomás me la mostraron… ¡y yo dije que sí!”.

Luego de reunir a un buen grupo de cantantes, Norma Basso se puso a ensayar con los mismos y el día anterior al concierto llegaron la orquesta y el Maestro. Y se pusieron a trabajar. “Ensayé yo primero con todos, arengándolos, desde lo alto de mis diez y siete años, para que dieran a pleno sus voces y luego don José Asunción tomó la batuta y las cosas salieron bastante bien. Nos fuimos a dormir tranquilos e ilusionados. El día del concierto el teatro reventaba de gente. E, imagínense quién hacía de presentador, nada manos que Jacinto Herrera, que estaba haciendo una gran carrera de actor en Buenos Aires, con su estampa de galán recio y su voz densa y profunda. El concierto se estaba desarrollando muy bien”, relata.

“Creo que ejecutaron Ne rendápe aju, con un cantor solista y varias piezas instrumentales. Al llegar la hora de María de… todo empezó con brío y continuó con gran vivacidad. Sólo que, justo al final, hubo un error de vuelta de página de don José Asunción y se armó un pequeño desajuste. Nadie entró en pánico y seguimos cantando a plena voz, asegurando un final adecuado a la grandeza y la emoción del momento. El Maestro me puso una dedicatoria muy elogiosa en un programa que lastimosamente se perdió entre allanamientos, mudanzas y viajes”, acota la veterana maestra.

EN EL TEATRO BOLSHÓI

Esta obra tuvo un particular y venturoso destino, pues en 1967 fue escogida por la Asociación de Músicos Soviéticos para ser interpretada en el Teatro Bolshói, en una gran gala ofrecida a delegaciones de todo el mundo que se hallaban en Moscú. En dicha ocasión fue ejecutada por la orquesta y el coro sinfónicos del Teatro Bolshói, teniendo una elogiosa acogida del público. Ese mismo año, el Maestro logró que dicha grabación fuera editada en la Argentina. Bajo el sello Discos Surgente, se imprime en LP o vinilo, el gran poema sinfónico, en el lado A. Y en el lado B, Poemas de Elvio Romero. Dicho disco, de una hermosa portada, fue distribuido en dicho país y circuló clandestinamente en el nuestro debido a la prohibición de la dictadura de que se pronunciara el nombre del Maestro y se difundiera su música.

Pero la gente adquiría los vinilos y los escuchaba en reuniones privadas, luego se grababan en casetes y circulaban de mano en mano como un objeto preciado, niveles que el régimen no podía controlar ya. Mientras, desde el diario Patria, programas radiales como La voz del coloradismo y desde la Presidencia de la República se lanzaban denuestos contra el Maestro Flores, ‘el comunista’, ‘el subversivo’, ‘el castrista’, etc., etc. Y se lanzaba la falsa historia de que el creador de la guarania fue el poeta Manuel Ortiz Guerrero y no José Asunción, quien luego de, supuestamente, escuchar los silbidos del vate guaireño llevaba al pentagrama obras como India y Nde rendápe aju. Versiones difamatorias que llegaban hasta los textos escolares.




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