06 ene. 2026

95 años del offside

Estrategia. El fuera de juego también es una forma de defender, un arma de  doble filo.

Estrategia. El fuera de juego también es una forma de defender, un arma de doble filo.

Hoy la tecnología y la recopilación y manipulación de datos intentan iluminar las zonas grises de la realidad. El control sobre ella (y las conductas de las personas) es, prácticamente, el fin de esta conjunción actual que llegó al fútbol hace unos años, sobre todo, para estimular el mejor rendimiento de los futbolistas, con herramientas de tipo estadístico que optimizan el trabajo de los directores técnicos y del equipo médico

La llegada del VAR es un fenómeno de la misma familia. Hay jugadas que, desde la misma invención del juego moderno, necesitan un máximo de precisión humana en el transcurso de una ráfaga de segundo. Tal vez, junto con la decisión de si una pelota cruzó la línea bajo el travesaño o no, la jugada del offside suele ser la más difícil de cobrar no ya para el árbitro central, sino para los jueces de línea que, no pocas veces, acompañan del otro lado de las bandas laterales el ataque de un equipo.

Esa jugada –que el VAR no siempre está habilitado para juzgar, con sus cámaras y sus ojos humanos mirando lo que han captado–, tantas veces polémica en la cancha y motivo de ensordecedoras discusiones fuera de ella, cumple hoy noventa y cinco años de existencia como regla.

Hasta entrado el siglo XX las reglas cambiaban siempre que el fútbol inglés, como precursor de la competencia contemporánea, así lo consideraba necesario. Esto también vale para la profesionalización del deporte, que principió en las islas británicas.

En el caso de lo que conocemos como posición fuera de juego, según la consabida regla número 11, la misma tiene vigencia desde 1925. Pero, a contramano de lo que suele afirmarse popularmente, no es que en los años previos no se cobraba una posición prohibida en una situación de ataque.

De hecho, la historia del offside se remonta a los comienzos de la práctica futbolera en Inglaterra.

El equipo en donde hoy juega Miguel Almirón, en los años veinte era capitaneado, según recordó la agencia de noticias EFE, por un aguerrido norirlandés llamado William McCraken, quien jugó casi quinientos partidos por el Newcastle United y, poco antes de retirarse, dejó su último legado: La trampa del offside. Es decir, el offside como lo conocemos, en el que un jugador está inhabilitado cuando recibe solo frente al portero más allá del último jugador del equipo contrario.

Desde que Bill McCracken rompió con astucia de potrero –donde por lo demás no existe el órsay– la anterior regla que exigía que hubiera tres jugadores frente o en la misma línea de un atacante para habilitarlo, se necesitaría dos para estar habilitado que el árbitro no cobre offside. La de los tres jugadores era una regla de los orígenes. Porque pescambói, como decimos en Paraguay, los hubo siempre. ¿Qué fue lo que hizo McCracken en los primeros años veinte, hasta 1924, el año en que ganaron la FA Cup? Correr hacia delante para dejar al atacante frente al último defensor, en posición adelantada. Ahora se necesita que el último defensor haga lo mismo que McCracken, para que el jugador esté adelantado, solo frente al arquero. El Olimpia de Luis Cubilla de 1990 todavía seguía practicando la invención de McCracken, incluso en los tiros libres.

El año que se instituyó el offside que pervive hasta hoy, Newcastle (ya sin el bueno de Bill, tricampeón en 1904-05, 1967-07 y 1908-1909) recibió solo 28 goles en 42 partidos, poco para aquel tiempo. Al año siguiente, inició su camino al título. No hubo offside que detuviera a las urracas, la última vez que salieron campeones.