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Opinión
sábado 8 de julio de 2017, 02:00

Tres años de soledad

Andrés Colmán Gutiérrez - Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

En el momento en que vimos a ña Obdulia Florenciano cargando una cruz de madera por un polvoriento camino del Norte, y tras de ella a unas 15 personas de su familia, incluyendo a periodistas y policías que los acompañaban, emprendiendo un singular viacrucis para reclamar la libertad de su hijo Edelio Morínigo, el pasado miércoles 5 de julio, el día en que se cumplían tres años del secuestro más largo en la historia contemporánea de nuestro país, ante la angustia que nos provocaba esa desoladora imagen, solo alcanzamos a exclamar:

–¡Qué solos están...!

Ña Obdulia había pasado la noche a la intemperie y en desvelo en la estancia Macchi Cué de Cuero Fresco, Concepción, en el mismo sitio donde hace tres años los miembros del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo capturaron a Edelio. A la mañana siguiente, ella caminó los 18 kilómetros hasta la iglesia María Auxiliadora de Arroyito, donde cayó exhausta de cansancio y quebrada por el dolor a los pies del altar.

–¡Qué solos están...!

Mientras, a 390 kilómetros de allí, en el corazón del poder de Mburuvicha Róga, se vivía una escena extraída del túnel del tiempo. Largas filas de adulones esperando para rendir pleitesía al excelentísimo señor presidente de la República, don Horacio Manuel Cartes Jara, por el día de su cumpleaños, como si otra vez fuera el 3 de noviembre, pero ahora en 5 de julio, la famosa "fecha feliz" en que el país entero entraba en un obligado feriado "porque nde ningo re nace/ ha nde estrella o hesape/ para la gloria del Paraguay".

Fue el azar o el destino, pero el viacrucis de ña Obdulia ante los tres años del secuestro de Edelio coincidió en día y hora con el mitin seccionalero del supremo cumpleaños, superponiendo en las portadas y en las pantallas de los medios dos divergentes imágenes de un mismo país.

Aquí, las coloridas panorámicas de la multitud de amigos y correligionarios empujándose por felicitar y cepillar al único líder.

Allá, la marcha rojiza y polvorienta, casi solitaria y desgarradora, de una madre que lleva tres años clamando por su hijo forzosamente arrebatado, sin encontrar consuelo ni respuestas. Y junto a Edelio, otras dos personas secuestradas, Abrahán Fehr y Félix Urbieta, para quienes el Estado tampoco ha podido dar soluciones ni respuestas.

Aquí, la celebración ante las cámaras, la borrachera del poder casi absoluto copando todos los espacios democráticos, ante la ineficacia de una oposición también incapaz de convertirse en alternativa creíble para la gente.

¿En qué momento dejamos de luchar y de creer en un Paraguay en el que nadie más sea secuestrado? ¿En qué momento decidimos dejarlos tan solos a ña Obdulia y a los demás familiares?

En su informe anual al Congreso, el pasado 1 de julio, el señor presidente olímpicamente ignoró que existen tres personas secuestradas.

¿Acaso haremos lo mismo?