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Revista Vida
jueves 7 de septiembre de 2017, 18:14

Signos de una nueva era

De la mano de la popularización de las redes sociales, creció un nuevo tipo de lenguaje gráfico con el que las nuevas generaciones se sienten cómodas, pero que suele ser todavía confuso para la llamada Generación X. Qué aporta al idioma y en qué lo afecta negativamente.
Por Carlos Darío Torres
Emoticones, abreviaturas, acrónimos y una extensa lista de etcéteras forman parte de los nuevos símbolos que se han apoderado de nuestro lenguaje, principalmente del escrito, y que nunca habíamos visto o escuchado hasta hace un par de décadas. Como parece que llegaron para quedarse, es aconsejable dedicarse a la tarea de aprenderlos, al menos para no quedar descolocados frente a interlocutores más jóvenes, esos a quienes se dio en llamar millennials, o la Generación Y.
La popularidad de las redes sociales y el acceso a internet propiciaron la difusión de un lenguaje que tiene antecedentes más lejanos que el boom informático relativamente reciente. Lo que hoy se conoce como jerga, argot o slang de internet se origina en el uso de herramientas de comunicación en las que la economía de espacio y tiempo tiene un valor importante.
Un antepasado remoto lo encontramos en el uso del telégrafo y la clave o código morse. Más de uno habrá escuchado la expresión "habla como telegrama" para referirse a una persona que en un coloquio prescinde, por ejemplo, de artículos, sin que por ello se pierda el sentido de lo que está diciendo.
Pero no es el único ejemplo de precedente anterior a la aparición de la red global. El argot actual de internet proviene de diferentes fuentes, y algunos términos como FUBAR —acrónimo de una expresión que traducida significa algo así como "contaminado más allá de toda reparación"— se remontan a la Segunda Guerra Mundial. Se los suele utilizar en informática.
En la actualidad, el ahorro de caracteres, estimulado por el sistema de mensajería por celular SMS, se encuentra prácticamente en desuso, pero algunos de los recursos utilizados para enviar los mensajes, como la particular forma de abreviar las palabras, todavía se perciben en las escrituras de quienes se habituaron a esa forma de comunicación. Además, pasaron a formar parte de la jerga de los internautas.
Algo que decir
El vocabulario de internet está en constante crecimiento y ya no se nutre solo de abreviaturas, acrónimos o anglicismos, sino que ha incorporado otros signos que poco tienen que ver con el alfabeto y hoy están más cerca de los ideogramas utilizados en lenguas como la china o la japonesa, al menos en su función de comunicar.
Hablamos de los emoticones o emoticonos, que derivaron luego en los emojis, símbolos sin los cuales hoy no se puede sostener una conversación a través del WhatsApp. La cuestión es que las pláticas no se limitan al ámbito de los smartphones y a la franja de los menores de 30 años, por lo que quienes no están incluidos en ese grupo pueden encontrar difícil comunicarse con quienes dominan la herramienta.
Si esto es bueno o malo, es tema de debate entre conocedores y estudiosos del tema, así que dejemos que sean ellos quienes opinen. "Estamos ante un cambio radical del lenguaje. Siempre hay cambios, la lengua es dinámica, siempre está en un proceso de transformación. Por eso aparecen palabras nuevas y desaparecen otras. Eso es normal", expresa Estela Inca Appleyard, profesora de lengua y literatura.
Sin embargo, a continuación, la experta manifiesta que lo que la preocupa es que, con estos emoticonos, que son imágenes que expresan sentimientos, no se pueden expresar ideas abstractas. "Por ejemplo, no podría hablar de justicia con una figura, qué idea podría expresar con una figura. Está el símbolo de la balanza, pero eso es para la justicia dentro del derecho", analiza.
Appleyard advierte que esta nueva forma de lenguaje sirve si se la utiliza como complemento de la comunicación escrita y que funciona como lo hacen el tono de la voz, los gestos y la mirada, en una comunicación oral, frente a frente, o aun por teléfono. "Toda vez que complemente a la comunicación está bien, pero lo que está ocurriendo es que en algunos casos están reemplazando a la palabra escrita y eso no es bueno", afirma.
Una opinión similar es la del docente Osvaldo Olivera, quien coincide en que el uso de imágenes para transmitir información es un complemento en la comunicación. Agrega que incluso hay profesores que enseñan comunicación oral y escrita y a la par imparten lecciones sobre sistemas de decodificación de las imágenes.
Él comenta que algunas instituciones se resisten a incorporar en su currículum materias sobre los nuevos lenguajes, porque piensan que las imágenes no son necesarias para la comunicación. "Pero vamos a ir utilizándolas cada vez más", vaticina.
Olivera resalta que la transferencia de información a través de los celulares es mayoritariamente pictográfica, de imágenes. "Cuando en el lenguaje escrito decimos: 'Estoy feliz, me siento contento porque el día está soleado', tengo que usar al menos 10 palabras. Un chico de 20 años va a poner la mano, un sol y una flechita hacia arriba. Y está diciendo la misma cosa", añade.
Menos palabras
Emojis.jpg
Esta generación, afirma Olivera, aprendió a leer y comprender las imágenes por encima de la palabra escrita. El docente refiere que un estudio realizado hace unos cinco años en el Reino Unido reveló que el 80% de los jóvenes que nacieron después de 1990 tienen facilidades para la lectura visual, por encima de las personas que tienen entre 35 y 40 años.
"Eso tiene aspectos positivos y negativos", comenta, porque el estudio también detectó la existencia de las primeras alteraciones psicológicas causadas por el uso excesivo de este tipo de comunicación, como la nemofobia (miedo irracional a salir sin el celular). "Es muy difícil que los jóvenes de entre 12 y 15 años mantengan una comunicación continua mirando a los ojos, porque están acostumbrados a mirar sus celulares. Encontrar una cara que te mira parece raro. Buscan su teléfono como un auxilio cuando no pueden seguir una conversación", apunta Olivera.
Appleyard, sin embargo, considera que sí es alarmante la forma en que se está usando este lenguaje gráfico. A su criterio, esta situación está disminuyendo la posibilidad de desarrollar estilos propios. "Nos están restando la creatividad. No podemos crear porque apretamos una tecla y ya está. Con tantas figuritas, vamos a terminar dejando de pensar, o nuestros pensamientos van a ser muy limitados, porque no nos dejan razonar, crear", opina.
La docente admite que el lenguaje de imágenes puede ser ventajoso, pero cree que las desventajas son mayores. Ella se pregunta cómo van a comunicarse en el futuro los jóvenes de hoy que, como consecuencia de la situación referida, tienen un vocabulario paupérrimo, aparte de no saber reflexionar ni poder desarrollar el razonamiento.
"Lo que veo es que nos estamos uniformando. Cuando uno usa la lengua la usa de una manera propia. Yo puedo decir la misma cosa que vos, pero a mi manera. Por ahí hay alguna coincidencia, pero no vamos a ser idénticos. Pero ahora estamos llegando a la uniformidad. Cuando me escriben TQM, yo les digo: 'Antes me querían mucho, pero ahora apenas TQM'. Al final, ni siquiera quiero decir: 'Te quiero mucho', porque se volvió muy trivial y a lo mejor ni siquiera es cierto. Así, muchas cosas van perdiendo valor", se queja.
Más imágenes
En una nota publicada en 2016, en el diario Última Hora, Appleyard afirmaba que los jóvenes actuales poseen un vocabulario de apenas 300 palabras. Olivera opina que, si bien esto no se discute, no se está considerando que, en contrapartida, esos mismos jóvenes tienen un acervo de 3.000 imágenes como fondo de reconocimiento de comunicación.
"Cuando estudiábamos, para nosotros la palabra era más importante que las imágenes. Pero ahora, la imagen es más importante que la palabra. Nos dicen que nuestros jóvenes tienen limitaciones con la palabra y que es culpa de las nuevas tecnologías, pero se olvidan de analizar que nuestros jóvenes leen las imágenes con mucha mayor facilidad que nosotros. Es como que son bimedia, tienen esa facilidad para integrar palabras e imágenes", asegura.
Olivera cree que quienes no pertenecen a esa generación de los millennials deberían preocuparse por cultivar ese nuevo lenguaje en el que las imágenes cobran una importancia que los mayores de 35 años no conocían. Hacerlo, asevera el docente, es la única forma que tenemos de comprender lo que dicen esos chicos, cultivando esa decodificación de las imágenes.
El entrevistado afirma que quizás estemos ante el advenimiento de un proceso en el que el lenguaje occidental esté mutando hacia un contexto ideográfico, como tienen los orientales. Solo que ese cambio no ocurre en 30 años y no existe la posibilidad de que pronto abandonemos la escritura tradicional.
"Necesitamos poder comprender y decodificar con facilidad, pero también necesitamos el contexto de la evolución del lenguaje. Es necesario que todos podamos comprender el lenguaje oral y escrito como una forma de educación básica, pero no vamos a reemplazar a las letras, ni en esta generación ni en las siguientes", resalta.
El docente propone completar el proceso de aprender a leer y a escribir, para que después los chicos trasladen el lenguaje alfabético al pictográfico. De no hacerlo "los vamos a discriminar, porque no saben escribir; y ellos nos van a discriminar a nosotros, porque no sabemos decodificar las imágenes".
Inca aconseja leer y escribir mucho, no solamente para desarrollar el habla y el pensamiento, sino también para mantener la lucidez. "Una persona que lee y escribe puede tener los años que tenga y sigue lúcida. Una persona que lee poco o no lee ni escribe, se embrutece. Hay que leer, si no los medios impresos, por lo menos las tabletas, todo lo que uno puede leer en internet, pero leer. Y escribir. No digo que seamos escritores, pero hay que redactar, porque eso fuerza la mente", asevera.
La clave, como coinciden los que saben, parece estar en saber combinar cada tipo de lenguaje en vigencia, para que cumplan con el objetivo para el cual fueron creados: la comunicación. En el mundo actual hay suficiente espacio para desarrollar distintas formas de comunicarse. Y conocerlas es la mejor manera de ampliar nuestros conocimientos y nuestra capacidad de comprensión, sin exclusiones.

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Para entender

• Emojis: son imágenes o pictogramas usados para expresar sentimientos, emociones o ideas en los medios de comunicación digital. Se recomienda pronunciar emoyi.
Su nombre deriva de las palabras japonesas e (imagen) y moji (letra). Se atribuye su creación a Shigetaka Kurita, a finales de los años 90.

• Emoticones o emoticonos: antecesores de los emojis, también expresan emociones a través de una cara humana hecha con paréntesis, guiones, puntos y otros signos presentes en el teclado.
Aparecen representados como una cabeza humana acostada sobre la izquierda. Su nombre deriva de las palabras en inglés emotion (emoción) e icon (ícono).

• Acrónimos: del griego akros (extremo) y ónoma (nombre), son siglas que se utilizan como palabras. En el argot de internet son frecuentes, aunque no están restringidos a este ámbito. Pueden variar según el país y el idioma. Ejemplo: TIC (Tecnología de la Información y de las Comunicaciones).

• Abreviaturas: muchas de ellas mantienen su escritura en inglés aun en los países de habla hispana. Por ejemplo, LOL o lol (lots of laughs, laugh out loud o laughing out loud), que se traduce como "montón de risas" o "reírse mucho".

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Nuevos emojis
Para el 2018 hay 67 nuevos candidatos a emojis, anunció Mark Davis, presidente del Consorcio Unicode, el organismo que se encarga de estandarizar la forma en que los signos de puntuación y los caracteres idiomáticos son representados por los diferentes sistemas informáticos. Según una lista preliminar, publicada en la web de Unicode, hay candidatos como un rollo de papel higiénico, una escoba, estilos renovados de caras con expresiones y nuevos animales como canguro, llama, mapache, mosquito, hipopótamo y loro. La versión 11.0 de los emoticones estará disponible dentro de un año, para que empresas como Apple, Google, Microsoft o Samsung los incluyan en sus próximas actualizaciones.