9 de diciembre
Viernes
Lluvioso
21°
25°
Sábado
Poco nublado con tormentas
21°
27°
Domingo
Parcialmente nublado
20°
31°
Lunes
Mayormente nublado
22°
32°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Economía
lunes 24 de octubre de 2016, 02:00

Ser o no ser (deudor), esa es la cuestión

Carlos Fernández Valdovinos – Presidente del BCP

Durante un almuerzo familiar reciente, surgió como tema de conversación uno de los temas económicos del momento: el endeudamiento del país. Silenciosamente, me puse a escuchar las caracterizaciones que se hacían del mismo: "es una deuda feroz"; "toda la crisis que se va a generar a causa del endeudamiento de hoy"; "en el futuro no se podrán generar recursos para pagar la deuda", etc. En fin, repeticiones de opiniones recientes y que parecían salidas más de una campaña del miedo que de un debate razonado, pausado y constructivo que amerita un tema de suma importancia.

Planteé entonces una hipotética y provocativa idea. ¿Qué pasaría si el Gobierno, hasta el 2023, toma endeudamiento adicional por USD 6.000 millones? Quise utilizar un supuesto de endeudamiento muy elevado de manera a incorporar toda forma de deuda nueva que podría crearse hasta entonces (APP, Ley 5074, multilaterales, bonos soberanos, etc.).

Las furiosas reacciones no se hicieron esperar, y rápidamente me convertí en "un vulgar irresponsable que pondría una pesada carga sobre la espalda de mis hijos" y me enfatizaron que "claramente un ritmo de endeudamiento así es insostenible". A todos les parecía negligente y absurdo que nos endeudemos en los próximos años por un monto que era más del 100% de la deuda actual. Les propuse entonces a todos hacer un ejercicio, que finalmente resultó bien ilustrativo.

Un simple ejercicio

En primer lugar, resalté que ese endeudamiento adicional no necesariamente aumentaba en igual magnitud nuestro stock de deuda externa. Como dicen los economistas, los cambios en el stock son consecuencia del endeudamiento neto, no del bruto. Es decir, de la diferencia entre nuevos préstamos y amortizaciones (o repagos). Como de aquí al 2023 existen repagos programados por USD 2.800 millones y estas hacen bajar el nivel de deuda, el endeudamiento neto sería bien menor a los USD 6.000 millones iniciales. Así, la deuda externa se incrementaría realmente en "solo" USD 3.200 millones.

"¿Solo? ¡Eso representa casi el 60% de toda la deuda existente a hoy!", me respondieron. Cierto, asentí, pero aclaré que es importante considerar además la capacidad de pago del gobierno, que es similar al caso de las personas: está subordinado a sus ingresos (en este caso, ingresos fiscales). Como estos dependen del producto interno bruto (PIB) de cada año, los economistas evalúan la capacidad de pago de un país utilizando la razón deuda/PIB. Expliqué que si este ratio se dispara y alcanza niveles muy elevados, el Gobierno probablemente entraría en problemas para repagar su deuda.

"Hoy el ratio deuda/PIB del Paraguay es aproximadamente 19,8% considerando solo la deuda de la Administración Central para facilitar la discusión. Ese mayor endeudamiento neto claramente va a hacer subir significativamente la deuda total en términos nominales, pero el ratio deuda/PIB no tiene por qué dispararse", agregué. "¿Cómo es eso?", preguntaron. Les aclaré que para saber qué pasa con el ratio es fundamental tener una idea de qué pasa con el denominador, es decir, con el PIB de Paraguay medido en dólares.

Expliqué que es siempre difícil hacer proyecciones en economía, pero en este caso existe una metodología ampliamente aceptada y que permitiría continuar con el ejercicio. Efectivamente, para estimar la dinámica futura del PIB en dólares los economistas utilizan proyecciones de: (i) la tasa de crecimiento del PIB real; (ii) de la inflación y (iii) de la depreciación (medida por la diferencia de las tasas de inflación de Paraguay y de EEUU).

"¿Y cuál es el resultado?", me cuestionaron. Recalqué que siempre hay que ser prudentes y conservadores para hacer estas proyecciones, pero se pueden utilizar valores razonables como aquellos empleados por organismos multilaterales o agencias calificadoras de riesgo cuando hacen este tipo de ejercicio. Haciendo esto, puede estimarse que el PIB paraguayo expresado en dólares crecería aproximadamente 5,75% por año. Para el lector curioso la "fórmula" precisa es (i)+(ii)-(iii) o sea, 3,75%+4,5%-(4,5%-2%)=5,75%.

"¿Y entonces?", preguntaron. Mencioné que bajo estos supuestos, nuestro PIB nominal en dólares, que actualmente alcanza USD 27.000 millones, llegaría a USD 40.000 millones para el 2023. Con esto, nuestro ratio deuda/PIB que hoy alcanza 19,8% se "dispararía" –por usar la palabra del momento– a 21,1%, muy por debajo de los límites prudenciales para mercados emergentes (40%). "Sorprendente, ¿no?", finalicé.

De lo importante ni hablamos

Terminábamos así con mi familia un simple "ejercicio de sostenibilidad de deuda". Ello nos permitiría desmitificar algunos preconceptos que estuvieron en el corazón de recientes juicios sobre el endeudamiento del Paraguay. Si opinamos de manera apresurada, un endeudamiento equivalente a más del 100% del stock de deuda actual sería simple y llanamente impagable y llevaría al país a la quiebra. Si nos basamos en la metodología utilizada habitualmente por economistas, ese endeudamiento (aunque sea enorme en términos nominales) solo afecta marginalmente la capacidad de pagos del país (i.e. el ratio deuda/PIB) y no sería necesario aumentar los impuestos para pagar la nueva deuda.

El ejercicio presentado más arriba no pretende constituirse en un justificativo técnico para emprender un proceso de endeudamiento desenfrenado e impensado. Una mayor deuda no es buena ni mala en sí misma, depende de cómo se la utilice. Pero la discusión no puede ir al otro extremo: ningún endeudamiento es bueno, no importa cómo se lo use. Al estar en el lugar 122 entre 138 países en términos de infraestructura, existe espacio para gastar bien y con altos retornos la deuda que se contrae.

Las economías de América Latina entraron en crisis porque no supieron controlar la dinámica de los gastos rígidos de sus gobiernos, más que por sus altos niveles de deuda. Acá está la clave del éxito o del fracaso de los países. El ejemplo de un país del Sur nos muestra cómo llegar al colapso de una economía aún sin endeudarse externamente. Y si en Paraguay aumentáramos discrecional y descontroladamente salarios estatales (como en el 2012) no seremos diferentes. En ese caso, siquiera un nivel de deuda que sea la mitad de la actual será sostenible en el tiempo.

El cumplimiento de la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF) será fundamental para evitar crisis derivadas de cualquier nivel de endeudamiento. El artículo de la ley que pone un techo al déficit es valioso, pero hemos demostrado ser unos genios para gastarnos ingresos extraordinarios (como los que vinieron con la reforma fiscal) aumentando "extraordinariamente" los gastos corrientes. En la LRF, es mucho más importante el artículo que restringe el crecimiento de los gastos corrientes. Pero de la dinámica futura de estos gastos ni hablamos, a pesar de estar cercana la aprobación de un nuevo Presupuesto.

En cuanto a la deuda, disiento totalmente con que esto sea un enfrentamiento. Todo debate es saludable. Pero es mucho más saludable, serio y responsable si argumentaciones verbales son respaldadas por números, y si se presenta de manera clara y transparente la metodología por detrás de esos números. De lo contrario, las argumentaciones se convierten en meras diatribas que caen en saco roto.