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Opinión
domingo 29 de enero de 2017, 01:00

Semana 4

Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

Y recién empieza...

Horacio I, el Mudo, tuvo una semana complicada. El escándalo de las planillas pro reelección le generó una infección en las cuerdas vocales que le ha imposibilitado abrir la boca para decir algo más o menos decente del bochorno en que está metido gracias al incomprendido plan de eternización presidencial.

Cuando estaban a punto de contratar a un otorrino para tratarle al incomprendido líder, y que al menos pueda decir: "Te gustó Dubái, Solcito" o "Las tapas de mi diario son las más hermosas", salta que Desirée Masi quería contratar a un sicario para asesinarlo.

Desirée es una mujer de armas tomar. Pero de ahí a que pida por wasap un asesino es algo medio kachiãi. Pero el hecho de que habló con el senador Robert Acevedo, un especialista del tema, por su lugar de origen, obvio, hace que suenen varias alarmas.

Si así de crispado está el ambiente político, lo que va a ser cuando realmente se defina si se concreta o no el plan de eternización presidencial de Horacio I, el Mudo. Será para alquilar balcones, sicarios y alguna que otra avioneta para escapar. Pero cuidado, Brasil, Argentina y EEUU están peor. Así que relájese y disfrute.

Párrafo aparte merecen nuestros ilustrísimos hombres de la fuerza del orden, más conocidos por amigos y enemigos como "potes con caco". El descocado abogado Payo Cubas y su cohorte de incendiarios de cotillón crearon tal desbarajuste a su paso por la capital que hacen dudar de la inteligencia policial. Porque desviar un micro repleto para que este personaje no pase por Mburuvicha Róga es algo que haría ruborizar de vergüenza al propio inspector Clouseau.

El EPP una vez más demostró que puede hacer lo que se le antoje, mientras no se meta en ciertos negocios. Porque una cosa es secuestrar colonos de raíz extranjera porque supuestamente destruyen el medioambiente y otra distinta es tomar a los narcos, que abundan en su zona de influencia, para que paguen por sus delitos.

Trump, más rápido que Speedy González, se cargó todo un país en sus primeras horas como Donald el Terrible, el azote de la razón. Comenzó con México. Les colocó una muralla para preservar la rubicunda blancura de sus hijos. Los mexicanos gritan enfurecidos, pero en el fondo saben que si dejan de trabajar, medio EEUU se paraliza. Sigue en la lista de invitados al Trumpan Show, China... Y ahí la morcilla se pone negra. Después viene Rusia y después...

En síntesis, el presidente yanqui demostró que lo suyo viene en serio. Que Dios nos pille confesados.