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miércoles 28 de septiembre de 2016, 08:22

Rosetta, una misión ambiciosa que abre la puerta a nuevos horizontes

El aterrizaje el próximo viernes de la sonda Rosetta en el cometa "Chury" pone fin a una misión de más de una década que la Agencia Espacial Europea (ESA) ve como un éxito científico y de público que le allana el camino hacia futuros horizontes.
EFE

Bautizada en honor a la famosa piedra que permitió descifrar los jeroglíficos egipcios, este proyecto, el primero diseñado para orbitar y aterrizar sobre un cometa, y centrado en el estudio de esos astros, llega a su ocaso natural con la mochila cargada de datos pendientes de estudio.

"Durante la misión los científicos están inmersos conduciéndola y planificándola. Ahora van a estar ocupados durante años", explica en una entrevista con EFE el jefe de la oficina de coordinación de la ESA, Fabio Favata.

La información que durante su descenso recogerá la sonda sobre el gas, el polvo y el plasma a muy corta distancia, y que debe enviar a la Tierra antes del impacto, son el broche a un largo trabajo de investigación, cuya herencia se anuncia extensa.

"Con Rosetta se hicieron por primera vez operaciones lejos del Sol con paneles solares. Hubo desafíos técnicos que han sido controlados y que permitirán misiones futuras", añade el experto italiano.

Favata prefiere no calificarla de misión histórica, pero sí la reconoce como "una de las grandes" de su organismo, que ha intentado esclarecer con ella la formación y evolución del Sistema Solar y entender cómo era en el momento en que se originó la Tierra.
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Terminado públicamente uno de los proyectos que más visibilidad ciudadana les ha dado, la ESA no se queda pese a todo huérfana de proyectos tanto o más interesantes.

Según el representante de la agencia, 2018 se presenta especialmente ocupado. Es el año, entre otros ejemplos, en que será lanzada BepiColombo, una misión conjunta a Mercurio de la ESA y de la agencia espacial japonesa JAXA.

Es también la fecha prevista de lanzamiento de la misión Solar Orbiter, concebida en colaboración con la estadounidense NASA, que se acercará más que ninguna otra al Sol para indagar sobre el magnetismo solar, su actividad explosiva y los efectos inmediatos en la vecindad de la estrella.

Y es el momento en que, a bordo de un Ariane 5, se lanzará junto con la NASA y su homóloga canadiense el telescopio espacial James Webb, que aspira a realizar observaciones infrarrojas del universo y a detectar las primeras galaxias o presenciar el nacimiento de nuevas estrellas.

Más adelante, aparece en la agenda la nave JUICE, que aprovechará la tecnología desarrollada para Rosetta y, cuando se lance en 2022, será la primera misión europea con destino al planeta Júpiter, para estudiar la aparición de mundos habitables en torno a sus gigantes gaseosos.

"Europa tiene derecho a estar satisfecha de sus éxitos", subraya Favata, que admite que la cooperación con otros organismos no es casual, sino "esencial".

Entre las bazas del bloque europeo, destaca, se encuentran el privilegio de poder planificar a largo plazo por la coordinación de los recursos económicos de sus socios, y de "juntar a cerebros de todos los países miembros, lo que da acceso a niveles excepcionales".

Una unión de fuerzas cuyo objetivo casi excede el ámbito meramente científico.

"Una de las cuestiones científicas más antiguas es si la Tierra es única o hay otras formas de vida. A menudo hemos imaginado que no estamos solos, pero no se ha dado una respuesta científica, sino filosófica", explica.

Ahora, concluye Favata, "es bastante interesante vivir en una época en que se puede empezar a dar una respuesta científica, con el privilegio además de que podemos comenzar a vislumbrar la cuestión".